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Artículo publicado en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 26 de noviembre de 2013, y en catalán en el diario digital EL TRIANGLE, 18 de noviembre de 2013

Vecinos y vecinas de la Sagrera,

Os agradezco mucho que me hayáis invitado a dar el pregón de la Fiesta Mayor de la Sagrera, el barrio más popular de la ciudad de Barcelona. Es para mí un gran honor que me hayáis escogido como vuestro pregonero.

Por razones profesionales y políticas he tenido que vivir en muchas ciudades y en muchos países. Pero nunca olvidé mis raíces, que están basadas en mi experiencia en la Sagrera. Fue en este barrio donde viví parte de mi infancia y adolescencia, y fue desde aquí que inicié, en un día lluvioso de agosto, mi largo exilio en 1962. Fueron mis padres, maestros de las escuelas públicas de Gironella, en la comarca del Berguedà, que al ser expulsados del Magisterio por su apoyo a la Generalitat de Catalunya y a la República, vinieron a vivir en Barcelona, y pasaron más tarde a residir en la Sagrera. Fue de mis padres y de este barrio de donde derivé mis raíces y mi compromiso de trabajar para el bienestar de las clases populares, que he intentado que guíe toda mi vida profesional.

Cómo que veo aquí mucha gente joven, jóvenes de todas las edades, permitidme que os explique mi Sagrera, el barrio que simboliza la Catalunya real, la Catalunya de los que nacen en nuestro país y la Catalunya de los que llegan desde fuera, todos ellos hermanados por el mundo del trabajo, que en su vida cotidiana han construido y están construyendo Catalunya. La Sagrera es la Catalunya real, una Catalunya diferente y distinta de la Catalunya de las élites bienpensantes que configuran la sabiduría convencional del país y que apropiándose de la señera, la bandera catalana, dan carnés de catalanidad.

Mi Sagrera es la Sagrera que sobrevivió durante una de las dictaduras más crueles y brutales que hayan existido en Europa. Nunca tendríamos que olvidar que por cada asesinato político que cometió la dictadura de Mussolini, la de Franco  cometió diez mil. De esto no se ha hablado suficientemente en nuestro país.

Y  hubo una gran represión política en la Sagrera, represión que intentaba eliminar la resistencia de un barrio trabajador frente a aquel sistema injusto, opresor y negador de todas las libertades. Pero nunca consiguieron apagar aquella resistencia. Antes al contrario, la Sagrera fue uno de los barrios con mayor oposición frente a aquella dictadura.

Y esta historia se tendría que enseñar a la gente joven, puesto que la lucha por la libertad, por la democracia y por la identidad catalana se inició aquí, en este barrio, en la Sagrera, punto olvidado mezquinamente por la sabiduría convencional que configuran aquellas élites bienpensantes que escriben la historia oficial de este país.

Fue aquí, en las fábricas de la Sagrera, donde la clase trabajadora de Catalunya inició la resistencia antifascista. A principios de los años cincuenta, durante la primera huelga de tranvías, la fábrica Pegaso -que estaba aquí antes de que en 1970 se trasladara a la Zona franca-, los trabajadores de la empresa ENASA –donde se producía el coche Pegaso- estuvieron 14 días en huelga, sin trabajar, como acto de solidaridad con la ciudadanía. La Vanguardia, de la familia Godó, que se llamaba La Vanguardia española, había publicado que en 1951 Pegaso había producido el coche deportivo más veloz del mundo, tal como había indicado la Feria del Coche de Paris, sin nunca informar, sin embargo, de que los trabajadores que producían este coche estaban en huelga contra la dictadura.

Y fue aquí, en la misma empresa, donde aparecieron las primeras células clandestinas del PSUC, el partido clandestino que lideró la resistencia, por sagrerenses como Albert Badía, Vicenç Faus, Tomás Antón, Mullor, Escribà y otros, que deberían tener sus nombres en las calles del barrio, agradeciendo su esfuerzo, que hizo posible que ahora celebremos la Fiesta Mayor en libertad.

Los sagrerenses fueron solidarios también con la lucha de otros pueblos y naciones de España. Así, el 25 de marzo de 1958,  hubo una huelga general en apoyo de la huelga minera de Asturias, que se inició en la Sagrera y se expandió en varias fábricas y barrios de Barcelona. Dos días más tarde hubo una concentración de 4.000 trabajadores que originó una enorme represión en el barrio.

Pero esta represión no paró la resistencia. Fue también aquí donde se inició y se consolidó a partir de 1969 el sindicato clandestino Comisiones Obreras. Y fue también aquí donde  hubo una movilización en protesta por los juicios de Burgos. Y fue también aquí donde se vio la mayor movilización de los obreros y de los vecinos de la Sagrera, en protesta por el asesinato por parte de la policía de un obrero en la térmica del Besòs, y también por el asesinato de Puig Antich.

Y todo esto se ha ignorado, cuando no ocultado, por la sabiduría convencional de la Catalunya burguesa, que colaboró con el fascismo y ahora se apodera de la bandera catalana.

Pero se tiene que insistir que han sido la Sagrera y muchos barrios de las ciudades y pueblos de Catalunya, los que han construido Catalunya, los que consiguieron la democracia y los que recuperaron la identidad catalana.

Vecinos y vecinas de la Sagrera fueron detenidos, torturados, y algunos desaparecieron en aquellas luchas. Esto nunca tendríamos que olvidarlo, recordando que, aunque Franco murió en la cama, la dictadura murió en la calle, incluyendo las calles y las fábricas de la Sagrera.

La transición inmodélica y sus resultados

Y fueron aquellas movilizaciones las que nos trajeron la democracia, una democracia muy limitada, puesto que las fuerzas herederas de la dictadura continuaban controlando los aparatos del Estado español, cosa que explica el gran retraso social de Catalunya y de España, y también explica que el Estado español nunca aceptó la plurinacionalidad del Estado español.

Ahora bien, la democracia representó para la Sagrera un gran adelanto. Por muy limitada que fuera la democracia, y lo fue mucho, las instituciones representativas permitieron expresar los deseos populares. Esto fue muy acentuado en Barcelona ciudad, que siempre estuvo gobernada por las fuerzas progresistas. Y el cambio de la Sagrera fue enorme, pero con aquellos cambios aparecieron nuevos retos, y otros problemas continuaron. Entre ellos, la especulación y la corrupción, que habían sido endémicas durante la dictadura, y que continuaban, aunque en menor medida, durante la democracia.

Pero esta especulación y falta de intervención estatal y municipal para proteger el ciudadano frente a intereses inmobiliarios y financieros, está expulsando a familias enteras de clase trabajadora de la Sagrera. Y esto es consecuencia del enorme poder del capital financiero que está ahora dominando Europa, esta Europa que para los que luchábamos contra el fascismo era el sueño de la Europa Social, libre y democrática, y que se ha convertido en la pesadilla europea de la austeridad, de los recortes, de los salarios bajos, del despido y de la elevada desocupación. Esta no es nuestra Europa. Y esta tampoco es nuestra España. Y con esto no quiero decir que rechazamos España. Nos sentimos hermanados con los diferentes pueblos y naciones de España. El 52% de los vecinos y vecinas de la Sagrera tienen familiares en el resto de España. Esta España está hermanada con la Sagrera. Ahora bien, lo que está ocurriendo en la Sagrera y en Catalunya es un creciente rechazo, no hacia España, sino hacia el Estado español que está dirigiendo unas políticas que están dañando enormemente las clases populares de Catalunya y de España. Y esta mayoría de ciudadanos de la Sagrera y de Catalunya quieren ahora decidir sobre su futuro. Es el derecho de una nación que quiere decidir sobre todo lo que le afecta. No sólo sobre cómo se relaciona con el Estado español, sino sobre las prioridades de su gobierno, directamente y no sólo a través de intermediarios.

Rechazamos el Estado español, pero también rechazamos la Catalunya oficial, pues están llevando a cabo políticas que están dañando las clases populares de Catalunya, como lo son los vecinos y vecinas de la Sagrera. Esta no es tampoco nuestra Catalunya, una Catalunya donde un burgués que vive en Pedralbes vive diez años más que un trabajador que vive en la Sagrera. Esta, definitivamente, no es nuestra Catalunya.

Y es aquí donde la juventud de la Sagrera, juventud de todas las edades, tiene que movilizarse para continuar la causa de sus padres y abuelos que en los puestos de trabajo y en las calles de la Sagrera lucharon para conseguir democracia, justicia, bienestar social y libertad. Y las pocas que teníamos, resultado de la lucha de nuestros padres y abuelos, nos las están robando. Seguro que lo haréis. Os animo a que os adhiráis a los movimientos politico-sociales, tales como el Proceso Constituyente o el 15-M, así como a los sindicatos de clase y partidos políticos que desean un cambio profundo en este país. Y con esta esperanza, permitidme que acabe con un ”Viva la Sagrera y Viva la Catalunya real”.

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