feb 28

Article publicat per Vicenç Navarro al diari digital EL PLURAL, 17 de febrer de 2014, i a la columna “Pensamiento Crítico” al diari PÚBLICO, 28 de febrer de 2014

Aquest article contrasta el comportament del govern britànic amb el del govern espanyol pel que fa a la consulta escocesa i catalana respectivament.

El contraste entre el comportamiento del gobierno conservador de David Cameron y el gobierno conservador de Rajoy en referencia a la consulta soberanista a favor de la independencia en el caso escocés y a favor del Estado propio (que puede o no ser independiente del Estado español) en el caso catalán no puede ser mayor. Naturalmente que hay diferencias muy notables entre Catalunya y Escocia. Pero también hay semejanzas. Cuando viví en Gran Bretaña (hace ya muchos años) viví en Inglaterra (Londres y Oxford) primero y en Escocia (Edimburgo) después. Y como catalán me encontré más a gusto en Escocia que en Inglaterra. Habían muchas más similitudes entre Escocia y Catalunya que no entre Inglaterra y España. La cultura general y política es, por lo general, más de centro-izquierda e izquierda en Escocia que en Inglaterra. Y tal cultura en Escocia es más informal y democrática que en Inglaterra.

Ahora bien, también hay diferencias. Y una de ellas es que mientras Catalunya es más rica que el resto de España, Escocia es más pobre que Inglaterra. Y ello se nota en la vida cotidiana. Pero la diferencia mayor en la relación Catalunya/Estado español versus Escocia/Reino Unido, es que mientras las fuerzas conservadoras británicas pertenecen a una tradición democrática, claramente asentada en la cultura británica, las fuerzas conservadoras españolas carecen de esta tradición. Estas últimas son herederas de una dictadura ultraconservadora, carente de sensibilidad democrática. Incluso en la cultura de las clases dominantes de Inglaterra (el país hegemónico dentro del Reino Unido) existe mucha mayor sensibilidad democrática que la existente en la de las clases dominantes en España. Y ello es determinante.

Un ejemplo de ello no es solo que el Estado británico permite el referéndum escocés (que es vinculante), sino que David Cameron, el dirigente del Partido Conservador, está liderando una campaña a favor de que Escocia permanezca en el Reino Unido, y ello a pesar de que va en contra de los intereses del Partido Conservador. En realidad, el Partido Conservador es extraordinariamente minoritario en Escocia. Tiene solo un  parlamentario por Escocia en el Parlamento británico, frente a 41 parlamentarios de su mayor adversario político, el Partido Laborista. Si Escocia se separara de la Gran Bretaña, el Partido Conservador (sin los parlamentarios escoceses) tendría mayoría absoluta (que hoy no tiene) en el Parlamento británico. En realidad, el Reino Unido habría sido gobernado por mayoría por los conservadores desde el año 1945 si Escocia hubiera sido un Estado independiente y no hubiera sido parte de aquel reino. Desde el punto de vista partidista, pues, al Partido Conservador, que el Sr. Cameron preside, le iría pero que muy bien que Escocia se separara, pues ello le permitiría dominar el Parlamento británico por muchos años.

Y, sin embargo, David Cameron está trabajando intensamente para que Escocia no se separe del Reino Unido. Según los cálculos partidistas, esto sería contrario a lo que su partido necesitaría. Y, a pesar de ello, David Cameron y el Partido Conservador están haciendo campaña para que Escocia no se separe. Y mientras que algunos sectores del Partido Conservador amenazan, como amenazan los conservadores en España, con que Escocia se quedaría fuera de la Unión Europea (en caso de que se escindiera del Reino Unido), la mayor parte de la campaña conservadora es más de seducción que de amenazas. Y ello se debe a la vergüenza e incomodidad que les haría que la ruptura del Reino Unido tuviera lugar durante su mandato. El patriotismo británico, basado en la existencia del Imperio, es el motor de su deseado resultado en el referéndum: que Escocia vote “no” a la independencia. Y su campaña es consiste en acentuar lo que tienen en común Inglaterra y Escocia y los lazos de hermandad, y la debilidad que supondría para ambos que el Reino Unido se quebrara.

La situación en España

La situación actual se basa en un contexto político muy distinto, que explica la gran diferencia entre la respuesta del Estado español a la consulta catalana y la del Estado británico al referéndum escocés. Aquí en España ha habido una oposición radical a la celebración de esa consulta, aun cuando tal consulta es meramente consultiva y no vinculante, y permite a la ciudadanía escoger otra forma de relación con España, además de la independencia. Esta oposición se debe al carácter tan escasamente democrático del Estado español, heredero de un Estado dictatorial anterior que carecía de vocación democrática. Aquella dictadura se transformó, mediante una Transición sumamente inmodélica, en una democracia enormemente limitada. Y ahí está la raíz del problema. Y es de una urgencia democrática enorme que esta limitadísima democracia se transforme en una democracia mucho más participativa, en la que la vía representativa (que debe reformarse profundamente, tanto en sus leyes electorales, escasamente proporcionales y representativas como en la pluralidad de los medios de información) esté complementada con vías de participación directa, como referéndums, que apenas existen en España (y en Catalunya). De ahí la gran importancia de que (independientemente de la materia sobre la cual se consulte a la población en Catalunya) se haga tal referéndum en Catalunya. Si esta consulta se realizara –bien legal o ilegalmente–, forzaría al Estado español a abrirse y a ser más democrático, creando un precedente de que si la población se moviliza puede conseguir lo que las estructuras del Estado no le permite. Su realización enriquecería la democracia, mostrando el  poder de las clases populares. La ciudadanía en Catalunya tiene que tener el derecho a decidir sobre su articulación con el Estado español, tal como desea la mayoría de la población que vive en Catalunya y la gran mayoría de los partidos con representación parlamentaria (CiU, PSC, ERC, ICV-EUiA y CUP), excepto las derechas nacionalistas españolistas (PP y Ciutadans). La diferencia entre el PSC y los otros partidos que apoyan la consulta no es sobre si se hace o no la consulta, sino sobre cómo esta consulta se debe realizar. Y naturalmente que la población del resto de España tiene que tener el derecho a decidir sobre cómo responder a la voluntad popular expresada en Catalunya. Como dice David Cameron, “la unión de los pueblos tiene que ser voluntaria, basada en el mutuo reconocimiento de que su unión es mutuamente beneficiosa”. Pero esta unión no puede mantenerse por la fuerza, como el Estado español está hoy exigiendo. Su postura es un indicador más de lo inmodélica que fue la Transición y de lo imperfecto que fue su resultado.

El no permitir que se haga este referéndum beneficiará a las derechas catalanas, puesto que lo que estas desean son unas elecciones plebiscitarias que intentarán por todos los medios que se centren en el tema nacional a costa del tema social. El debate consulta o no consulta (esta última opinión favorecida por el Estado español) está ya ocultando el gran deterioro social que está ocurriendo a los dos lados del Ebro. Nunca antes, durante la etapa democrática, las clases populares de Catalunya y del resto de España habían estado tan sujetas a unas políticas neoliberales que están afectando muy negativamente su bienestar. En Catalunya, las elecciones plebiscitarias, inevitables si no tiene lugar la consulta, ocultarán definitivamente esta realidad.

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