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Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital NUEVA TRIBUNA, 27 de febrero de 2014, y en la columna «Pensamiento Crítico» en el diario PÚBLICO, 5 de marzo de 2014

Este artículo analiza las consecuencias negativas del crecimiento del sector financiero, que tiene una enorme influencia en las instituciones de gobernanza de la Unión Europea y de los gobiernos que la integran.

La característica del capitalismo actual es la enorme extensión del sector financiero, que de una manera creciente se expande e incluso sustituye su función de provisión de crédito a las empresas y a las personas por una actividad meramente especulativa sin relación alguna con el mundo de la producción de bienes y servicios. Es esta actividad especulativa la que ha determinado la enorme crisis financiera que todavía estamos viviendo.

El excelente libro de Costas Lapavitsas Profiting Without Producing: How Finance Exploits Us All, Verso, 2013, detalla esta expansión, aunque no resalta bien el papel que el conflicto capital-trabajo ha tenido en el crecimiento de este sector financiero. Como he indicado en varias ocasiones, la reducción de las rentas del trabajo en el mundo capitalista avanzado, como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales, iniciadas masivamente por la Administración Reagan en EEUU y por Thatcher en el Reino Unido, y seguidas por Schröder y Blair en la UE, determinó un descenso de la capacidad adquisitiva de la población que se intentó suplir con un aumento del crédito, produciéndose una gran expansión del sector financiero. Esta disminución de las rentas del trabajo creó un problema en la demanda que afectó a la economía productiva, disminuyendo su rentabilidad. De ahí que las inversiones financieras en la economía se desplazaran del sector productivo al sector especulativo, generándose las burbujas que, al explotar, causaban el peligro de colapso del sector financiero, siempre salvado por la intervención del Estado. De nuevo, el caso más claro de esto último fue el rescate internacional del sector bancario (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio 2013).

Pero este sector financiero, en su búsqueda de alternativas donde conseguir mayores beneficios, está penetrando masivamente en lo que se llama el salario colectivo, es decir, el Estado del Bienestar. El ataque frontal que estamos viendo a la Europa Social es el intento de privatizarlo, tanto las pensiones como la sanidad, entre otras transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar, a fin de encontrar más y más oportunidades para obtener elevados beneficios. De nuevo, estamos viendo como la banca, las compañías de seguros, los hedge funds y las asociaciones de capital riesgo están entrando masivamente no solo en las pensiones, sino también en los servicios públicos como la sanidad. Las presiones por parte de la Troika (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional) para que bajen los salarios (lo que fuerza a un endeudamiento de la población) y para que se privaticen las pensiones y la sanidad son componentes fundamentales de las políticas de austeridad. Este ataque del capital financiero al Estado del Bienestar, que está ya muy avanzado en Europa, cuenta con la alianza del capital productivo, al conseguir aquellas medidas debilitar al mundo del trabajo, objetivo de este capital.

Me alegra encontrar en el libro de Costas Lapavitsas esta dimensión del capital financiero que, como he indicado en otros trabajos, es de una enorme importancia para explicar el ataque frontal a la Europa social, ataque liderado sobre todo por el Banco Central Europeo. Costas Lapavitsas hace un excelente trabajo relacionando el capital financiero con el industrial y el de servicios, acentuando la relación entre ellos, con una reciente simbiosis entre ellos. Así, las grandes empresas industriales no solo se autofinancian, sino que ofrecen crédito a sus clientes. Véase la venta de coches como ejemplo. La gran mayoría de empresas que venden coches, ofrecen también el crédito para comprarlos. Este sector financiero dentro de las empresas de capital productivo ha crecido enormemente. De esta manera, el capital industrial se convierte también en capital financiero, expandiéndose en las mismas áreas especulativas. En realidad, los beneficios del capital derivan cada vez más de las actividades financieras del gran capital. De esta manera, el capitalismo pasa a estar dominado por los gestores del capital financiero, que mantienen una enorme influencia política y mediática en los países. Ello explica el rescate de la banca, realizado siempre en términos favorables con el apoyo de las agencias reguladoras públicas, y con la financiación a cargo de los Estados. Y ello ocurre a pesar de que la solución del problema de la falta de crédito es muy fácil de ver, incluyendo la nacionalización de la banca, que puede incluir formas de propiedad colectiva y cooperativa además de otras formas de nacionalización. Con la cantidad de dinero que se ha dado a la banca podrían haberse establecido agencias públicas de crédito que habrían ya resuelto la crisis actual.

Por otra parte, la necesaria reducción del sector financiero y la eliminación de su actividad especulativa requieren un aumento de las rentas del trabajo a costa de la reducción de las rentas del capital, así como una eliminación y reversión de las privatizaciones del Estado del Bienestar. Que la solución pasa por estas políticas alternativas es fácil de mostrar. Lo que ocurre es que el poder del capital es enorme, la democracia –por lo tanto– es muy deficitaria, y la situación no se resuelve. Así de claro. Aunque todo esto, usted lector, no lo leerá o verá en los mayores medios de difusión.

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