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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 22 de mayo de 2014

Este artículo presenta las continuas falsedades que se reproducen en los medios en la defensa de políticas neoliberales que están dañando a la población.

Hoy, el conocimiento económico dominante está en crisis. Un indicador de ello es la rebelión de los estudiantes de economía de algunas de las universidades más conocidas de EEUU y de Europa, que protestan por el carácter claramente ideológico de lo que se les enseña bajo la apariencia de conocimiento científico, protestando a la vez por la escasa diversidad que existe en los Departamentos de Economía de las Universidades más conocidas y prestigiosas en su limitadísima oferta de sensibilidades. De ahí que estos estudiantes rebeldes se hayan definido a sí mismos como economistas heterodoxos, un título que, en sí, señala su rechazo a la ortodoxia económica.

Los estudiantes llevan toda la razón en su queja. La ortodoxia económica (de clara sensibilidad neoliberal) debería estar hoy enormemente desacreditada debido al fracaso al que han llevado sus políticas neoliberales. El hecho de que no lo esté se debe a las enormes cajas de resonancia que la ortodoxia tiene a su disposición, ofrecidas por el gran capital, es decir, por el mundo de las grandes corporaciones, predominantemente, pero no exclusivamente, financieras. De ejemplos hay miles. Veámoslos.

Estos últimos años de crisis se ha sometido a las clases populares a toda una serie de intervenciones (recortes de salarios y gastos sociales, con disminución de derechos sociales y laborales) bajo los argumentos de que:

1. Hay que salvar el euro, presentando al euro como moribundo, el cual requería sacrificios (siempre por parte de las clases populares) para salvarlo. En realidad, y tal como muy pocos indicamos desde el principio de la crisis, el euro nunca ha estado en peligro. Repito, nunca. Lo que ocurre es que se ha presentado como que estaba en peligro de extinción, a fin de exigir políticas sumamente impopulares, presentando al euro como el símbolo de Europa. Mientras, el euro gozaba y continua gozando de una excesiva fortaleza que, por cierto, está dañando a la economía productiva por su elevado (claramente excesivo) valor.

2. El Estado español y sus gobiernos autonómicos se están gastando más de lo que el país tiene. Y esta cantinela se reproduce constantemente, pues se presenta un supuestamente excesivo gasto público como la causa del desastre, que se conoce con el nombre de Gran Recesión (que debería llamarse, en España, la Gran Depresión). Se nos dice constantemente por parte de la ortodoxia económica que nos gastamos demasiado en un Estado del Bienestar supuestamente ultrageneroso que el país no puede pagar. De las muchas falsedades que se presentan, esta es de las más frecuentes. Y es también de las que son más fáciles de mostrar su nula credibilidad. Miren los datos y lo verán. Cuando la crisis se inició en 2007, el Estado español tenía superávit en sus cuentas del Estado. No tenía déficit. Es absurdo que se diga que el déficit fue la causa de la crisis. Fue al revés, el déficit aumentó debido a la crisis. Es más, los datos muestran también que España y Catalunya se gastan mucho menos en su Estado del Bienestar de lo que deberían gastarse por el nivel de riqueza que tienen. España no es pobre. Su PIB por cápita es el 94% del promedio del de los 15 países más ricos de la Unión Europea (la UE-15). En cambio, su gasto público social por habitante es solo el 74% del gasto público social promedio de la UE-15. Si fuera del 94%, España se gastaría 60.000 millones de euros más. Este dinero existe en España, pero el Estado no lo recoge. Y ahí está el problema. España es rica, pero su Estado (incluyendo su Estado del Bienestar) es pobre porque no recauda suficientes ingresos. ¿Por qué?

3. Los impuestos son demasiado altos y la gente está harta de pagarlos. De una manera deliberada se habla de impuestos en general, sin especificar qué impuestos y quién los paga. Veamos los datos. Por raro que parezca, las personas en España que trabajan y están en nómina ya pagan unos impuestos semejantes a los que paga de promedio el ciudadano que está en nómina en los países de la UE-15. Algo menos, pero tampoco mucho menos. En cambio, los súper ricos, que derivan sus rentas primordialmente del capital (es decir, de instrumentos que generan renta), pagan mucho menos de lo que paga de promedio el súper rico de los países de la UE-15. Aquí, inmediatamente, le dirán que las rentas que ingresan estos súper ricos ya se gravan a unos niveles incluso superiores al promedio de la UE-15. Esto se lo dirán mil veces. Este argumento confunde el capital con las rentas derivadas del capital (que son categorías distintas). En realidad, los dos (el capital y las rentas derivadas del capital) están sujetos a un gravamen real más bajo que el del promedio de la UE-15, pues una cosa es lo que el fisco requiere y otra es lo que el súper rico paga, tanto legalmente como ilegalmente. A nivel legal, el número de deducciones es enorme, de manera que lo que al final paga es mucho menos que lo que nominalmente debería pagar por su nivel de renta. Y si consideramos las vías ilegales, entonces el nivel es incluso mucho más bajo. El 70% del fraude fiscal (80.000 millones de euros) en España lo cometen las grandes fortunas, la banca y las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año. La pobreza del Estado se debe a la falta de voluntad política para enfrentarse con los poderosos. En realidad, no es tanto falta de voluntad, sino que los gobiernos son meros instrumentos de estos grupos financieros y empresariales y de las clases más pudientes, tal como ocurre hoy en España con el partido gobernante. El Partido Popular es su claro instrumento.

4. Los países periféricos de la Eurozona serán expulsados del euro, acentuándose que el gobierno alemán consideró expulsar a Grecia del euro. De ahí que se piense que hay que comportarse bien (es decir, se tienen que hacer los deberes y sacrificarse para evitar que nos echen del euro). Este argumento deliberadamente ignora que la banca alemana tiene 700.000 millones de euros invertidos en estos países periféricos (200.000 en España), que perderían valor y difícilmente se recuperarían si tales países dejaran el euro. Su salida significaría el colapso de la banca alemana. El principio es muy sencillo. Si usted debe 40.000 euros al año y no puede pagarlos, usted tiene un problema grave. Pero si usted debe 200.000 millones de euros a la banca y no puede o no quiere pagarlos, quien tiene el problema grave es la banca. En realidad, es sorprendente que los gobiernos de los países periféricos no hayan utilizado esta amenaza de irse del euro como táctica negociadora. Creerse que Alemania estaría contentísima con esta salida es desconocer el grado de dependencia que la banca alemana tiene hacia estos países. Es más, el supuesto éxito de Alemania en su balanza de pagos se basa en la balanza de pagos negativa que tienen esos países. La bonanza que los establishments industrial y financiero alemanes están experimentando se debe al deterioro de la situación en los países periféricos. Los intereses que debe pagar una pequeña empresa española son dos veces más altos que los que paga su homóloga en Alemania. Que ello ocurra se debe a las decisiones tomadas por el gobierno alemán en contra de la europeización de la deuda pública y el mantenimiento del Banco Central Europeo como un lobby de la banca (primordialmente de la banca alemana).

5. El problema de la UE y de la Eurozona es la falta de liderazgo, sin una autoridad fuerte que las dirija. Esta es una cantinela de moda que proviene de las posturas tecnocráticas, que siempre claman por mano dura y puño fuerte para resolver los problemas. Dicho argumento parece no entender nada de lo que pasa en la UE. Y todavía menos de lo que pasa en la Eurozona. Hoy, esta última está gobernada, con mano dura, por el gobierno alemán, que es, a su vez, el instrumento del capital financiero alemán y su poder industrial. Utiliza como satélites a los partidos conservadores (a los cuales pertenecen el PP y Unió) y liberales (a los cuales pertenece CDC), con la ayuda de los socioliberales, bien representados en grandes sectores de la socialdemocracia europea. Hoy, en las grandes decisiones, este gobierno es el que manda en la UE. Decir que no hay liderazgo es falsificar la realidad o ignorarla. El hecho de que este liderazgo sea tan exitoso se debe a que cuenta con la alianza de las élites económicas y financieras de cada país, que se benefician de tales políticas. Los economistas más ortodoxos (que son los más serviles hacia el capital) son los que más defienden al gobierno alemán y a sus políticas neoliberales. Así de claro.

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