nov 19

Entrevista al Profesor Vicenç Navarro realizada por estudiantes de Ciencias Políticas y de Ciencias Económicas de la Universidad Pompeu Fabra el 3 de noviembre de 2014.

Pregunta (P.)

¿Cuándo se politizó usted y cómo ocurrió?

Respuesta (R.)

Fue a causa de mis padres, que eran maestros y fueron represaliados por aquellas fuerzas que se llamaban a sí mismas “nacionales” y que impusieron una dictadura en Catalunya y en España, una de las dictaduras más sangrientas y crueles que hayan existido en la Europa Occidental, hecho que es desconocido por la mayoría de la gente joven en nuestro país. Cuando me integré de nuevo al mundo académico catalán y español, me sorprendió y entristeció ver lo poco que los estudiantes conocían sobre su pasado, incluyendo la dictadura.

(P.)

¿De dónde eran sus padres?

(R.)

Mis padres eran valencianos. Mi padre era de una familia modesta, sin muchos recursos, y tuvo que hacer todo tipo de trabajos para poder estudiar magisterio. Su gran deseo en la vida era ser maestro. Mi madre, junto a sus cinco hermanas, venía de una familia de maestros y músicos y todas ellas fueron maestras también. Mi madre fue una de las primeras mujeres maestra procedentes de la Península que trabajó como maestra en las Islas Baleares, concretamente en Pollença. Mi madre siempre tuvo excelentes recuerdos de aquella experiencia. Terminó más tarde en Gironella. Gironella es una hermosa población en la comarca del Berguedà en Catalunya, en las faldas del Pirineo. Fue la directora de la Escuela Pública de Niñas. Y allí conoció a mi padre, que era el director de la Escuela de Niños. Ambos compartían su entusiasmo por las reformas educativas de la Generalitat y de la República. Se enamoraron y de ahí surgimos nosotros, sus hijos.

(P.)

¿Dónde nació usted?

(R.)

Yo nací en Gironella, en las faldas del Pirineo, donde trabajaban mis padres. Mi padre, durante la guerra, estuvo en el frente, y mi madre continuó de directora en la escuela pública. Yo, naturalmente, no recuerdo nada, pero mis hermanos mayores –mi hermana y mi hermano- sí que recuerdan muy bien cuando el Ejército golpista ocupó Gironella. La represión fue brutal, aunque fue incluso peor de lo que conocíamos. Solo recientemente he podido saber detalles que desconocía de esta represión.

(P.)

¿Cómo es que usted no lo sabía?

(R.)

Las personas republicanas que perdieron la guerra no explicaron a sus hijos lo que había ocurrido por miedo a que estos conocieran lo que había pasado, conocimiento que podía haberlos puesto en peligro. Por ejemplo, mis hermanos y yo no supimos hasta bastante más tarde que algunos miembros de mi familia habían estado en el maquis antinazi en Francia. Y que una de mis tías estuvo detenida en un campo de concentración nazi. Si las autoridades fascistas hubieran descubierto que familiares nuestros estaban o habían sido detenidos por los nazis, nos habrían convertido a nosotros, hijos de “rojos”, en sujetos de represión. De ahí que para protegernos, nuestros padres nunca hablaran de lo que había pasado.

(P.)

¿Y qué es lo que conoció recientemente, y cómo lo supo?

(R.)

Una persona que leía mi blog me escribió y me preguntó si yo era hijo de los que habían sido maestros de Gironella. Cuando le dije que sí, me escribió diciendo que todavía vivían en Gironella personas que habían sido estudiantes de mis padres a las que les gustaría conocernos a mí y a mis hermanos. Fui con mi hermano y nos reunimos con veinte personas de más de 75 años que, en las mismas aulas y en la misma escuela donde mis padres les dieron clase, nos explicaron lo mucho que querían a mis padres, lo enormemente importante que la escuela pública había sido para ellos, el impacto que mis padres tuvieron en sus vidas, y también el gran dolor que sintieron cuando mis padres fueron expulsados del magisterio y humillados por los golpistas. Me explicaron cómo la represión fue liderada por el partido fascista, la Falange, concretamente por una maestra de la Escuela Pública que era fascista, la Sra. Rosa Jornet, que pasó a ser directora de la Escuela Pública cuando echaron a mis padres, y a la que todos odiaban. La represión estaba dirigida por la Falange, por el cura y por el dueño de la fábrica textil. Fue una síntesis, un espejo de lo que ocurrió en Catalunya y en España. Algunos de los detalles de la represión no los sabíamos. Mis padres nunca nos hablaron de lo que habían sufrido. No les gustaba hablar de sí mismos.

(P.)

Parece que sus padres le impactaron mucho.

(R.)

Sí. Mis padres eran muy representativos de toda una generación que luchó con enorme dignidad contra el fascismo en Catalunya y en España y contra el nazismo en Europa, motivada por un enorme amor y compromiso con sus estudiantes y vecinos. Lucharon durante toda su vida contra las injusticias que abundaban en su entorno. Hicieron –como mi padre me dijo en una ocasión- “lo que haría cualquier persona honrada y decente: defender al gobierno –que consideraban suyo- frente a las fuerzas reaccionarias que siempre habían dominado Catalunya y España”. “Lo hicimos” –me dijo- “y lo volveríamos a hacer”. He conocido a miles y miles de vencidos republicanos que tenían la misma postura, esparcidos en la diáspora republicana por todas partes del mundo y muy en especial por América Latina. Entre ellos, familiares míos. Eran la Catalunya y España solidarias, justas y democráticas, que lucharon frente al fascismo y al nazismo en este continente. Su éxodo y exilio empobrecieron enormemente a Catalunya y a España.

(P.)

¿Cuándo va usted a la ciudad de Barcelona?

(R.)

De niño, cuando separan a mis padres. Luego, más tarde, permiten a mi madre ejercer de maestra, en otra parte de Catalunya. A mi padre no se lo permiten y tiene que ir a trabajar a Barcelona. Es ahí donde yo comienzo mis estudios.

(P.)

¿Cuándo se politiza usted?

(R.)

Bueno, politizado lo estuve desde que nací. Lo que quiere usted saber es dónde y cuándo milité. Algunos miembros de mi familia habían pertenecido al PSUC, siendo activos miembros de la resistencia antifascista en España y antinazi en Europa. Mis padres, como muchos maestros en Catalunya, estaban muy influenciados por el pedagogo Francesc Ferrer i Guàrdia, que fue asesinado por las derechas, que era republicano. Mi padre y mi madre eran claramente republicanos y progresistas, muy comprometidos con el bienestar de las clases populares. Durante la democracia votaron socialista, aunque en las primeras elecciones mi madre votó comunista en agradecimiento al liderazgo que el PSUC había tenido en la resistencia antifascista. Cuando yo era joven, estudiante de la universidad, estaba en la esfera del Frente de Liberación Popular, el FLP, más tarde conocido como FOC. Posteriormente, se convirtió en una de las ramas fundadoras del PSC. El FLP y el PSUC eran las únicas fuerzas que existían en la universidad. Mucha gente que militó en el PSUC pasó antes por el FLP. Manolo Vázquez Montalbán, amigo mío, fue un caso representativo.

Yo era muy amigo de Urenda, que dirigía el FLP y el Servicio Universitario del Trabajo, SUT. Este último era una creación de la resistencia antifascista, que se infiltró en el sindicato fascista SEU y estableció el SUT, que tenía por objetivo poner en contacto el mundo estudiantil con el mundo del trabajo, una relación que el fascismo quería evitar por todos los medios. Durante las vacaciones, los estudiantes iban a trabajar a las fábricas, a las minas, a los barcos, a los lugares de trabajo y también a los barrios obreros, y conocían la realidad que su entorno social desconocía. La mayoría de estudiantes procedía del 10% de renta superior del país. Los procedentes de familias que entonces se llamaban “familias pobres pero honradas” eran muy pocos. La mezcla de estudiantes y trabajadores fue explosiva y el SUT fue una de las fuentes más importantes de militantes en la resistencia antifascista. Cuando Urenda se fue a la mili, a África, Joan Massana dirigió el FLP y yo dirigí el SUT. Muchos de los políticos de izquierdas en Catalunya se politizaron en el SUT. Una larga lista de nombres, tanto en la esfera socialista como en la comunista: Pasqual Maragall, Isidre Molas, Mª Dolors Renau, Alfonso Comín, Pep Termes, Manuel Castells, los hermanos Fina, Nolasc Acarín, Marc Broggi, y un largo etcétera, son personas que contribuyeron y/o se politizaron a través del SUT.

(P.)

¿Alfonso Comín se inició en el SUT?

(R.)

Sí. Conocí muy bien a Alfonso Comín. Era un gran compañero. Fue a través del SUT como fue a Andalucía. Él era profundamente cristiano, y yo nunca fui ni cristiano ni religioso. Mis padres siempre me enseñaron a ver la religión como una concepción distinta a la de la Iglesia. Mi padre tenía un gran desprecio por la Iglesia Católica, pero era enormemente respetuoso con las religiones. He intentado aprender de él. Con Alfonso nos queríamos, y estábamos como amigos y compañeros en un proyecto común. Pero tuvimos muchas discusiones sobre religión y sobre Dios. En realidad, recuerdo que en unas circunstancias muy excepcionales defendí su religiosidad frente al Comité Central del Partido Comunista cubano.

(P.)

¿Cómo fue eso?

(R.)

Yo estaba ayudando al gobierno cubano en sus reformas sanitarias. Y una noche, ya de madrugada, me despertaron a la 1 de la madrugada porque el Comité Central del Partido Comunista me quería ver urgentemente. Vistiéndome rápidamente, supuse que los marines de EEUU estarían invadiendo la isla. Cuál sería mi sorpresa cuando vi que la causa de querer verme es que llegaba a la semana siguiente un miembro del Comité Central del Partido Comunista de Catalunya, el PSUC, que les habían dicho que era cristiano, y querían saber cómo ello era posible. Irritado y con un cierto enfado por haberme despertado a la 1 de la madrugada, les contesté que Alfonso Comín no solo era cristiano, sino que todos los miembros del Partido Comunista en Catalunya, fueran o no fueran creyentes, rezaban un Padre Nuestro cada día para que Comín continuara siendo cristiano. Y cerrando la puerta me fui a la cama.

Ello motivó una disculpa por su parte, y me invitaron a comer, a las dos de la tarde del día siguiente, para hablar de la compatibilidad del cristianismo y el marxismo. Y yo, no creyente, defendí las creencias de Comín.

(P.)

¿Y qué pasó con el SUT?

(R.)

Que lo prohibieron. Siempre recordaré cuando Martín Villa, el jefe del SEU, me indicó que nunca encontraría trabajo en España. Fue una de las conversaciones más desagradables que he tenido en mi vida.

(P.)

¿Dónde trabajó usted?

(R.)

No pude encontrar trabajo. Trabajé con unos medios escasísimos en el barrio del Somorrostro, trabajando en el SUT, como estudiante de medicina y más tarde como médico. Una de las instituciones que nos financió fueron unas monjas francesas, equivalentes a los sacerdotes obreros. Eran monjas obreras, gente estupenda, que fueron de enorme ayuda. Así es como me convertí en médico de lo que la derecha catalana, liderada por Jordi Pujol, que estaba en la Facultad de Medicina, llamaba los “charnegos”. Tuve el enorme orgullo y honor de ser el primer médico de los charnegos en el Somorrostro.

(P.)

¿Qué recuerdos tiene de ello?

(R.)

De una enorme pobreza a nivel material y de una enorme riqueza humana de muchas de las personas que conocí. Era la otra Catalunya, que es la que ha construido Catalunya. Tengo experiencias inolvidables. Eran los otros catalanes.

(P.)

¿Y dónde vivía usted?

(R.)

En la Sagrera, donde viví la mayor parte de mi adolescencia. Siempre me he considerado hijo de la Sagrera. De ahí que me diera una gran alegría cuando me invitaron hace casi un año a dar el pregón de la fiesta mayor. Es un barrio muy popular, que ha visto algunos de los momentos más importantes de Barcelona en la lucha contra el fascismo.

(P.)

¿Qué ambiente había en los años cincuenta y en la universidad?

(R.)

Fueron años duros pero intensos. La universidad estaba en manos de los fascistas y de sus aliados, el Opus Dei. El Rector Valdecasas, un fascista puro, promocionó la entrada del Opus Dei, una secta enormemente reaccionaria. Pero había también la experiencia de la resistencia. Había una gran camaradería entre los distintos grupos de la resistencia. Y la facultad de Medicina era una de las facultades más politizadas en contra de la dictadura en la Universidad de Barcelona.

(P.)

¿Usted trabajó con el Partido Comunista?

(R.)

Sí, y estoy muy orgulloso de ello. Una vez salido de España, mi militancia se trasladó primordialmente a apoyar la resistencia a través del Partido Comunista, aunque ayudé también a todos los partidos democráticos en la clandestinidad. Fue así como conocí a Carrillo, y a una de las personas que más me impresionó, Manolo Azcárate, que dirigía todas las operaciones exteriores. Manolo fue un gran amigo, y una persona de un enorme compromiso. Era un gran patriota que amaba profundamente a los distintos pueblos y naciones de España.

(P.)

¿Usted organizó la visita de Santiago Carrillo a EEUU?

(R.)

Sí, ayudé en ello. Manolo Azcárate me pidió que los ayudara, y lo hice con mucho gusto. Fue una visita muy interesante.

(P.)

¿Cómo es que se fue a Suecia?

(R.)

Los partidos socialdemócratas y el Partido Comunista sueco apoyaron mucho a la resistencia antifascista en Catalunya. Y siempre habían dicho que consideráramos a Suecia como nuestra casa si teníamos que irnos de España.

(P.)

Usted continuó activo en la resistencia.

(R.)

Sí, pero la única fuerza fuera de España era el Partido Comunista. Y así fue como apoyé a este partido.

SU ETAPA EUROPEA

(P.)

¿Qué le impresionó de Suecia?

(R.)

El contraste con España. Era el otro extremo de lo que viví en España. Allí fue también donde cambié de carrera.

(P.)

¿Por qué la cambió? ¿Cómo fue?

(R.)

Había conciencia entre los que luchábamos contra la dictadura de que era necesario formarme para saber crear un nuevo Estado. A mí me interesaba en particular cómo establecer un Estado del Bienestar progresista, como el sueco, para el día, que se consideraba próximo, en el que Franco cayera. Fue así como intenté estudiar economía y políticas públicas y sociales, incluyendo políticas sanitarias. Y el gobierno sueco me ayudó, dirigiéndome a una familia, Gunnar y Alva Myrdal, ambos economistas que me impactaron mucho, que recibieron más tarde dos Premios Nobel, uno de Economía para Gunnar y otro de la Paz para Alva. Aprendí muchísimo de ellos. Socialdemócratas, profundamente demócratas y antifascistas, eran enormemente influyentes, con razón, en los gobiernos socialdemócratas escandinavos. También conocí y establecí una amistad con Hermansson, Secretario General del Partido Comunista sueco, una persona extraordinaria que escribió una crítica muy rigurosa y acertada del capitalismo sueco, de la cual mi esposa, sueca, tradujo algunas partes al inglés. Tengo familia sueca a la que vamos a ver con frecuencia. Y tengo muchos amigos allí. Entre ellos, uno que me ha influenciado mucho ha sido Walter Korpi, una de las mentes más claras de aquel país, y a mi manera de ver, el analista más certero de la realidad económica y social de Suecia. Su libro Democratic Class Struggle es la exposición más clara de la vía democrática al socialismo que he leído. También conocí a Meidner, el economista responsable de las propuestas económicas que llevan su nombre, y que significaron el programa económico más avanzado que yo haya conocido.

(P.)

¿Qué es lo que más le impresionó de Suecia?

(R.)

Es difícil contestar, pues hubo muchísimas cosas que me gustaron. Puede que lo que más me impresionó fue la cultura democrática y solidaria que se palpaba no solo en las instituciones, sino en la calle. Su gran calidad de vida se debía a ello. Esto no quiere decir que no hubiera problemas, incluso algunos graves, en el sistema sueco. Yo, más tarde, escribí un libro, publicado en EEUU, crítico con algunos aspectos del Estado del Bienestar sueco, centrándome en su sistema sanitario. Mostrando la cultura democrática sueca, el Ministro de Sanidad sueco compró miles de ejemplares de mi libro, y lo distribuyó en Suecia para que se iniciara un debate. Pocos Ministros de Salud de cualquier gobierno hubieran hecho lo mismo.

(P.)

De ahí se va al Reino Unido. ¿Cómo ocurre este cambio?

(R.)

Fue precisamente Gunnar Myrdal quien me sugirió que fuera a trabajar con Richard Titmuss, uno de los mayores expertos en política social, que trabajaba en la London School of Economics en Londres, y con su discípulo Brian Abel-Smith, con los cuales entablé amistad, que eran los que habían trabajado más en el área de políticas sociales. Eran socialistas, como lo había sido, por cierto, Harold Laski, el fundador de la LSE, un dato poco conocido. Fue una experiencia muy interesante. Aprendí muchísimo de ellos. Hice también una estancia muy corta en Oxford, antes de que me invitaran a la Universidad de Edimburgo, en Escocia. En este último centro académico conocí a gente estupenda como John Last y John Brotherston, este último director del sistema de salud escocés. Fue uno de los arquitectos, por cierto, de la Organización Mundial de la Salud.

(P.)

¿Qué es lo que le impresionó más del Reino Unido?

(R.)

Negativamente, me impresionó lo enormemente clasista que era la sociedad británica. Clase social, era, como en España, una variable que definía casi todas las dimensiones del ser humano. Positivamente, me impresionó su Servicio Nacional de Salud, la joya de la corona del Estado del Bienestar. En el mundo académico, me impresionó favorablemente la extensa crítica que existía hacia el capitalismo en las distintas áreas de conocimiento, desde las Ciencias Políticas con personas y amigos como Ralph Miliband, a las Ciencias Económicas, con economistas como Joan Robinson, keynesianos, claramente influenciados por Marx.

(P.)

¿Ralph Miliband fue amigo suyo?

(R.)

Sí. Era un tipo extraordinario. Fue muy crítico, con razón, con la adaptación del Partido Laborista al establishment británico, convirtiéndose en una columna central del sistema. Su libro sobre el socialismo parlamentario se aplicaría, punto por punto, a lo que ha ocurrido con el PSOE en España. Nos hicimos amigos, más durante su estancia en EEUU que en el Reino Unido. Ralph dio clases en Nueva York, y así fue como le conocí. Me invitaba siempre a que enviara artículos a la revista que dirigía, Socialist Review, y se ofreció a escribir revisiones de mis libros muy favorables. Entre ellos, estuvo el libro Class Struggle, the State and Medicine, que era una crítica, desde la izquierda, del NHS.

(P.)

¿Y desde allí se desplazó a EEUU? ¿Cómo fue esto?

(R.)

Mi deseo fue siempre volver a España y a Catalunya. Pero la dictadura continuaba y era muy difícil volver a España en aquellas condiciones. De ahí que, estando en Escocia, recibí dos invitaciones, una de Harvard y otra de Hopkins. Decidí ir a Hopkins con la intención de quedarme dos años para volver a España una vez cayera la dictadura. Pero la dictadura no caía. Y así fue como me integré en el mundo académico, y más tarde político, estadounidense.

LA ETAPA ESTADOUNIDENSE

(P.)

¿Cómo se hizo esta integración política?

(R.)

Dentro de la comunidad científica estadounidense fui muy activo en varias áreas, incluyendo asociaciones profesionales. Una de ellas, que me escogió como su representante, fue la Asociación Americana de Salud Pública, APHA, que apoyaba y promovía un derecho humano básico que no existía, y continúa sin existir, en EEUU, el derecho de acceso a los servicios sanitarios en momentos de necesidad. No hay suficiente conciencia en Europa sobre que EEUU es el capitalismo salvaje, sin guantes. El 45% de pacientes en estado terminal, es decir, que se mueren, están preocupados por el pago que les supondrá tener que abonar, ya sea ellos mismos o sus familiares, la factura que recibirán de sus instituciones y profesionales sanitarios. Situaciones como estas las ignoran muchos jóvenes economistas españoles que llegan a EEUU y quedan encantados con el nivel de recursos y posibilidades que existen en el mundo universitario, y que explica que se conviertan en los máximos promotores del modelo estadounidense. No se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, de que Estados Unidos es un país que permite un nivel de vida elevado para el 30% de la población de mayor renta, a costa de una enorme inseguridad para la mayoría de la clase trabajadora, que constituye la mayoría de las clases populares de aquel país. Entre esta inseguridad está la carencia del derecho a recibir asistencia médica cuando uno la necesita.

Hice todo lo que puede para presionar para que ese derecho fuera aceptado por el establishment político de aquel país, difícil tarea debido a estar enormemente influenciado por las compañías de seguros, que dominan la gestión del sistema sanitario. De ahí que conociera a personas de los movimientos progresistas, en el movimiento conocido como Rainbow, liderado por el Sr. Jesse Jackson, al cual asesoré cuando se presentó como candidato a la Presidencia de EEUU por parte del Partido Demócrata de EEUU, en 1984 y 1988. Fue así como tuvo lugar esta integración. Más tarde, cuando el Presidente Clinton nombró a su esposa responsable de un grupo de trabajo para que le ayudara a hacer realidad aquel derecho humano, todavía inexistente, el Rainbow, que tenía cierta influencia en el Partido Demócrata, propuso mi nombre como el experto que mejor reflejaba su postura y programa.

(P.)

¿Qué es el Rainbow?

(R.)

Es una coalición de todos los movimientos progresistas en EEUU, que van desde los sindicatos a los movimientos de derechos civiles, el movimiento feminista NOW, el movimiento verde y el movimiento gay, entre otros. Fue fundado y liderado por Jesse Jackson senior, el discípulo predilecto de Martin Luther King. A nivel político, todos los partidos progresistas, lo que incluye al Partido Socialista y al Comunista, lo apoyan. Muchas veces pienso que en Catalunya y en España haría falta un movimiento como este. Uno de los mayores problemas en Catalunya y en España es la enorme atomización de las izquierdas.

(P.)

Usted ha sido muy crítico con el capitalismo estadounidense, como consta en varios de sus libros que han sido traducidos a varios idiomas.

(R.)

Sí. Este capitalismo salvaje, con la privatización del sistema electoral, determina un sistema democrático controlado por lo que se llama en EEUU la “Corporate Class”, es decir, la clase compuesta por el 1% más rico de la sociedad: los propietarios y gestores del gran capital. Me preocupa, por cierto, la americanización de la vida política europea, incluyendo la catalana y la española, que está siguiendo los mismos pasos.

Habiendo dicho esto, también soy un gran defensor del extensivo uso de referéndums, a nivel local y estatal que existe en el sistema electoral estadounidense, que significa la expresión de participación directa que debería también aplicarse en Catalunya y en España, donde la democracia directa, participativa, apenas existe.

EXPERIENCIA EN AMÉRICA LATINA

(P.)

¿Cómo aparece su ligazón con Latinoamérica? Usted ha sido asesor de muchos gobiernos de América Latina, y ha escrito extensamente sobre esta experiencia.

(R.)

Los españoles tenemos una relación muy próxima con América Latina. La diáspora republicana empobreció intelectualmente a Catalunya y a España, pero enriqueció la de América Latina. Había republicanos exilados por toda América Latina. Entre ellos unas tías, hermanas de mi madre. Habían militado en el PSUC, y cuando tuvieron que dejar España fueron a Francia, y allí, cuando los nazis ocuparon aquel país, iniciaron el maquis, o resistencia frente a la ocupación nazi. Este es un capítulo de la historia española desconocido, cuando no ocultado, en España. Su antifascismo fue continuado por el antinazismo. Una tía mía fue encarcelada en un campo de concentración nazi, como miles y miles de españoles. Pocos españoles saben hoy que fueron republicanos españoles los que liberaron Paris de los nazis.

Mis familiares fueron a Francia cuando terminó la Guerra Civil, como hicieron miles de españoles. Y luego fueron a Latinoamérica. Mi interés intelectual y profesional por Latinoamérica tenía una base emotiva importante.

(P.)

¿Cómo fue que asesoró al gobierno de Unidad Popular presidido por el Presidente Allende?

(R.)

Yo era amigo del decano de la Escuela de Salud Pública en Chile, el Dr. Hugo Behm. Y a través de él conocí al Dr. Gustavo Molina, médico personal del Presidente Allende, que tenía gran influencia en el diseño de las políticas sanitarias. Me pidieron que les ayudara, lo cual hice con gran entusiasmo e ilusión. Era la vía al socialismo por el método democrático. Fue una experiencia única y muy interesante.

(P.)

¿Qué recuerda de ello?

(R.)

Mucho. Muchísimo. Y he escrito extensamente. Hay varios libros, incluso algunos traducidos al español, sobre todo en México, que hablan de la experiencia chilena, tomando el sector sanitario como espejo de lo que ocurrió en aquel país.

(P.)

Por lo visto, la vía democrática no fue posible.

(R.)

En aquel caso no fue posible. Como ocurrió en España en el año 1936, una experiencia democratizadora fue interrumpida por un golpe militar que se hizo en nombre de las estructuras de privilegio afectadas negativamente por las reformas del gobierno popular.

(P.)

¿Qué aprendió de aquella situación?

(R.)

Repito que mucho. Muchísimo. Pero puede que lo más importante fuera ver en carne propia el enorme error que significa situar el conflicto central hoy en el mundo como un conflicto entre los países ricos, el Norte, contra los países pobres, el Sur. Esta manera de ver la realidad es errónea.

No fue EEUU el que impuso la dictadura militar del General Pinochet en Chile. Fueron la oligarquía chilena, la banca chilena, la burguesía y pequeña burguesía chilena, la Iglesia chilena, todos ellos el eje central del establishment financiero, económico y político chileno, los que impulsaron el golpe militar. Este establishment recibió el apoyo, no de EEUU, sino del gobierno federal de EEUU, presidido por Nixon, distinción que nunca se hace. EEUU no es un país de 300 millones de imperialistas. En realidad, Nixon envió fuerzas militares a la cuenca minera de EEUU para derrotar a los mineros en una huelga general que paralizó el este de EEUU. Lo que estaba ocurriendo es que las clases dominantes de Chile y de EEUU estaban aliadas frente a las clases dominadas de ambos países. La lucha de clases continuaba y continúa siendo central para entender el mundo, incluyendo EEUU. Así lo dijo, por cierto, Martin Luther King, una semana antes de su asesinato.

(P.)

¿Fue lo de Chile relevante para Europa?

(R.)

Sí, lo fue. Y lo que el gobierno de Unidad Popular hizo fue extraordinario. Y tuvo un enorme impacto en Europa. Creó la generación del compromiso histórico y del eurocomunismo.

(P.)

¿Y qué quiere decir esto?

(R.)

Era la concienciación de que una política de cambio requería una base popular muy amplia. El impacto fue especialmente acentuado en Italia, cuando Enrico Berlinguer hizo “el compromiso histórico” con la democracia cristiana. Recuerdo en una ocasión que, estando visitando a uno de los amigos más queridos que tuve, Giovanni Berlinguer, hermano de Enrico, este me invitó a un mitin del PCI en los talleres ferroviarios. Después del acto y en la etapa final de la cena, los ferroviarios vinieron a la mesa central y me dijeron: “Vicente, vamos a cantarte el compromiso histórico para ti”. Y pasaron a cantar la Internacional con música gregoriana. Nunca lo olvidaré. Era una voz potente, centenares de obreros ferroviarios, en plan de broma, cantando con música gregoriana. Fue una experiencia inolvidable.

(P.)

¿Ha asesorado también al gobierno cubano? ¿Cómo fue?

(R.)

Yo estaba asesorando a las Naciones Unidas en América Latina. Y escribí un informe confidencial muy crítico con las políticas económicas y sociales dominantes en América Latina. Recibí sorprendentemente una invitación de Cuba para asesorarles. Estamos hablando de los años al inicio de la Revolución. Fue una experiencia interesantísima. Les ayudé a desarrollar el sistema de atención primaria que incluso las derechas estadounidenses, cuando pueden mantener cierta objetividad, definen como modélico y ejemplar. Mi contribución fue menor. Pero pude ver cómo lo desarrollaban. Fui el primer científico que, trabajando en EEUU, fue invitado a ir a Cuba.

(P.)

Usted defendió la Revolución Cubana en EEUU, lo cual debió de ser duro y difícil.

(R.)

Sí, lo fue. Pero el proyecto científico requería objetividad y rigor. Y lo que ha hecho la Revolución Cubana es extraordinario. Hay pocos países que, al nivel de desarrollo económico que tienen, provean un Estado del Bienestar más completo. La solidaridad es enorme. Y permítame que también subraye que la solidaridad es también internacional. Como bien dijo Mandela, las fuerzas cubanas fueron claves para derrotar el apartheid. E incluso hoy, el país que ha enviado más médicos al África para atender enfermos de Ébola ha sido Cuba.

(P.)

Pero usted también ha sido crítico con el régimen cubano.

(R.)

Sí. En Cuba me llamaban cariñosamente el “hípercrítico”. Era crítico pero leal al proyecto revolucionario, y siempre les defendí en EEUU, donde la agresividad del gobierno federal era responsable, precisamente, de la falta de apertura del régimen cubano.

Y aquí, en España, la derecha, una derecha que carece de cultura democrática, tiene la osadía de criticar aquel país. Es manipulador, en extremo, querer juzgar al régimen cubano en términos de su aplicabilidad a España. Yo sería el primero en oponerme a un régimen político en España semejante al cubano, que carece de democracia representativa, aun cuando hay formas de democracia participativa mucho más extendidas en Cuba que en España. Pero las formas de democracia representativa no existen en Cuba y ello empobrece a aquel país. Pero, repito, muchos de los que critican a Cuba han mantenido un nivel de agresividad tal hacia el régimen que ha imposibilitado su apertura, como le dije antes.

LA VUELTA A ESPAÑA

(P.)

¿Cuándo vuelve a España?

(R.)

Bueno, siempre estuve emotivamente en Catalunya y en España. A partir de la muerte del dictador, intenté volver a Catalunya, pero era muy difícil. El primer intento fue con la Universidad Autónoma de Barcelona, cuando se me propuso volver a la UAB por la vía de nombramiento como Catedrático Extraordinario. Grupos próximos a CiU se opusieron al nombramiento, aun cuando el Consejero de Salud del gobierno CiU, el Dr. Laporte, firmó una carta de varios académicos apoyando mi vuelta a Catalunya a través de la Autónoma. Dicho intento fracasó. Salió en la prensa y se conoció en España. Ello originó una invitación para ir a la Universidad Complutense, cuando el Rector Bustelo me llamó e invitó a integrarme como Catedrático Extraordinario de Economía. Acepté pero, de nuevo, fui vetado por el nuevo Rector, próximo a Fraga Iribarne, cuando Bustelo perdió las elecciones al rectorado.

Fue más tarde cuando me presenté a una plaza por oposición, como Catedrático de Economía, en la UB, ganándola, y más tarde, también por oposición, en Ciencias Políticas en la UPF. Desde entonces voy alternando los dos lados del Atlántico Norte.

(P.)

¿Con quién ha colaborado en Catalunya y en España?

(R.)

Con todos aquellos que me pidieron ayuda. He intentado ayudar a todas aquellas fuerzas políticas democráticas que me lo han pedido. Ayudé al Instituto de la Mujer del gobierno CiU cuando quisieron que hiciéramos un estudio sobre la prostitución en Catalunya, el estudio más detallado que se ha hecho sobre este problema social. Hice también uno de los estudios más detallados del Estado del Bienestar en Catalunya que se hayan hecho, y que creó bastante oposición por parte del gobierno CiU porque era crítico con las políticas públicas que dicho gobierno había desarrollado.

Cuando ganó el Tripartito, el Presidente Maragall, con el cual había mantenido amistad desde los años sesenta, me pidió que les ayudara presidiendo la Comisión Asesora de la Consejería de Salud. En contra de la opinión promovida por el establishment catalán y sus medios de comunicación, el Tripartito hizo cosas muy bien hechas, sobre todo en las áreas del Estado del Bienestar. Corrigió parte del enorme déficit del gasto público que existía. En otras áreas no lo hizo tan bien, y lo que hizo mal fue la respuesta a la crisis, donde aplicó las políticas de austeridad que critiqué intensamente.

(P.)

Ahora Pablo Iglesias le ha pedido que les ayude en su programa económico.

(R.)

Sí, lo estoy haciendo con mi amigo Juan Torres, uno de los economistas más interesantes que tiene este país.

(P.)

¿Usted milita?

(R.)

Bueno, no sé si el término militancia todavía existe. Pero, sí, es un motivo de gran alegría haber apoyado a mis amigos Teresa Forcades y Arcadi Oliveras a haber fundado el Procés Constituent, que es hoy un movimiento de gente muy maja que quieren transformar Catalunya de abajo a arriba a través de un cambio radical. Me encuentro muy a gusto en él. Y me gusta también la radicalidad de Podemos en España. Pero hay muchas fuerzas políticas que tienen gran potencial para realizar políticas de cambio radical. En realidad, no hay escasez, sino una excesiva atomización de tales fuerzas.

(P.)

¿Qué aconsejaría usted a los estudiantes universitarios?

(R.)

Que se integren en movimientos sociales y partidos políticos comprometidos en cambiar profundamente el mundo que les rodea, comenzando aquí, en Catalunya, y en España, pues sus establishments político-mediáticos están asfixiando este país para beneficio propio. Si aman a su país, tienen que cambiarlo, porque lo que existe es mucho menos de lo que la población desea y se merece.

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