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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 10 de agosto de 2015.

Este artículo analiza las consecuencias del predominio de voces incompetentes en el diseño de la política exterior de los países de la Unión Europea, que están creando auténticos desastres, como en el Mediterráneo, que van incluso en contra de sus propios intereses.

No hay una plena conciencia del enorme impacto negativo que la Guerra Fría ha tenido en el mundo occidental, empobreciendo enormemente su vida intelectual y académica. La purga del pensamiento crítico con las estructuras del poder occidental que ocurrió durante la Guerra Fría a los dos lados del Atlántico Norte explica, en gran parte, la enorme incompetencia que ha regido en los mayores centros de decisión, incompetencia que ha tenido efectos desastrosos, contrarios incluso a los intereses de los establishments de los países de ese mundo. La historia de la política exterior de EEUU y de los países de lo que pasó a llamarse la Unión Europea ha incluido, después de la Segunda Guerra Mundial, una serie de desastres que han afectado negativamente a sus intereses. Es cierto que la política exterior de estos países intenta conseguir la expansión de los intereses económicos y financieros que dominan su política exterior. Pero también es cierta su enorme incompetencia, acompañada de una gran arrogancia y prepotencia, que ha llevado al desarrollo de políticas que han afectado negativamente a sus intereses.

Un ejemplo claro de ello es lo ocurrido en Libia. El general Gadafi era un dictador, uno más de los muchos que hay en el continente africano. No era, ni con mucho, de los peores que hay en aquella parte del mundo, donde las instituciones democráticas brillan por su ausencia. Pero lo que lo hacía desagradable para las estructuras del poder occidental (bien EEUU, bien Europa Occidental) era que no seguía las órdenes establecidas por los responsables políticos de dicha estructura de poder. De ahí que los establishments político-mediáticos dominantes en EEUU y en la UE quisieran deshacerse de él.

Y utilizando el argumentario ideológico que sirve como cobertura para su intervencionismo militar, tales establishments se presentaron como los defensores de la democracia y de la libertad. Y los Henri Lévy de turno sacaron pecho para alentar a las tropas europeas a que atacaran militarmente al gobierno de Gadafi. Y los mayores medios de información y persuasión occidentales, sirvientes del poder, hicieron su parte demonizando al dictador. El hecho de que el continente africano estuviera lleno de dictaduras, muchas peores, por cierto, que la de Gadafi, no se citó. Estos detalles en un proyecto bélico de tal envergadura no tenían gran importancia. ¡Por fin lo consiguieron! Y derrotaron al dictador.

Como resultado de aquella intervención militar, hoy Libia es un país que se ha convertido en una auténtica amenaza para Europa, habiéndose convertido en un centro del terrorismo musulmán, lo que ha creado una de las peores situaciones existentes en el norte de África, sin un gobierno digno de su nombre, y con una gran inestabilidad y terror en su territorio que se expanden por todo el Mediterráneo. Se mire como se mire, dicha aventura militar ha sido un desastre monumental. Resultado de ello es que miles de personas han muerto en naufragios en las costas de Libia, intentando huir del país. Es más, Libia se ha convertido en el país base para que fugitivos de Sudán, Nigeria, Somalia, Senegal y Ghana lleguen a las costas de los países del sur de Europa, y muy en especial Italia, Malta y Grecia, convirtiéndose en un problema masivo que la misma Europa que bombardeó y destruyó a Gadafi es incapaz de resolver. Lo único que se les ha ocurrido hacer es recurrir a las armas de nuevo, de manera que los barcos de guerra de varios países europeos, en lugar de bombardear las ciudades libias, como hicieron para derrocar a Gadafi, bombardean y hacen naufragar ahora las barcazas llenas de fugitivos que salen de las costas libias. Documentos revelados por WikiLeaks muestran planes desarrollados para destruir en los mares de Libia incluso las naves que transporten refugiados de este país. Estos planes militares, según tales documentos, fueron aprobados por los 28 Estados miembros de la UE (incluyendo, por lo tanto, España) el día 18 de mayo de este año. La revelación de dichos documentos ha generado una protesta – ignorada por los mayores medios –, apoyada por más de 300 académicos, expertos en temas de inmigración, que han denunciado este plan. Ni que decir tiene que los mayores medios de información y persuasión españoles no ha dicho ni pío.

Los naufragios en el Mediterráneo

A la luz de estos hechos, uno esperaría que aquellos medios pidieran disculpas por haber apoyado la intervención militar en Libia para derrocar a Gadafi, y que ahora lideraran la protesta frente a la salvajada (y no hay otra manera de decirlo) de bombardear los botes llenos de refugiados que quieren escapar del infierno creado por los gobiernos europeos (lo que tuvo lugar con el beneplácito y apoyo del gobierno de EEUU). Pero señor lector, no espero nada de ello. Su hipocresía alcanza niveles exacerbantes, pues su función es cubrir las desvergüenzas y la extraordinaria incompetencia de los gobernantes, que con sus políticas han empeorado la situación en lugar de mejorarla.

Una lección de lo ocurrido en Libia (y en Irak, y en Siria, entre otros lugares) para las personas progresistas, incluyendo las de izquierdas, es que, siendo verdad que los Estados son serviles hacia los grupos económicos y financieros que les influencian – siguiendo políticas de claro signo imperial, expandiendo su influencia –, hay que introducir en los análisis de lo que ocurre en el mundo también una variable que raramente se considera en los estudios de política económica internacional, y que es la extraordinaria incompetencia de los profesionales, supuestamente expertos, que asesoran y guían las políticas de carácter internacional, que se formaron en los grandes centros académicos de donde se purgaron las mayores mentes críticas durante la Guerra Fría, reproduciéndose en ellos la sabiduría convencional que sustenta a las estructuras de poder, sin pleno conocimiento de alternativas que hubieran podido prevenir tanto desastre.

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