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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 7 de abril de 2016.

Este artículo expande un tema que se ha tratado en ocasiones anteriores, que está adquiriendo gran importancia en este momento político del país, donde detrás de las negociaciones para formar un gobierno alternativo hay dos temas fundamentales que son de difícil reconciliación: uno es la visión de las causas de las crisis financieras y económicas, y otro la visión de lo que es España.​

Los dos problemas mayores que tiene España son el problema social y el problema nacional (conocido en los medios erróneamente como el problema territorial). El primero es consecuencia de la enorme crisis económica y financiera que fue germinando durante los años noventa y principios de la primera década de los años dos mil, y culminó con la Gran Recesión. Para resolver tal crisis se han llevado a cabo intervenciones públicas que han deteriorado todavía más el bienestar y la calidad de vida de las clases populares, cuyo nivel de vida ya había descendido de una manera muy significativa, y que ha continuado deteriorándose. Esto último está siendo negado por los establishments económicos y financieros españoles (el conglomerado de empresas transnacionales, tanto en la economía productiva como en la financiera, que dominan la vida económica del país y que gozan de una gran influencia en las instituciones representativas y en los mayores medios de información), que afirman que la economía española se está recuperando, habiendo ya salido y dejado atrás la Gran Recesión. Los testarudos datos, sin embargo, muestran el continuo deterioro de la calidad de la gran mayoría de nuevos puestos de trabajo.

Las ignoradas causas de la Gran Recesión

Es importante subrayar que las causas de la Gran Recesión son debidas a que, como consecuencia de las políticas públicas llevadas a cabo por los gobiernos del Estado español (influenciados por aquellos establishments económicos y financieros), ha habido una concentración de las rentas del país, con un descenso muy marcado de las rentas del trabajo (a las cuales pertenecen las rentas de las clases populares) como porcentaje de la renta total del país, a costa de un incremento muy notable de las rentas derivadas del capital (es decir, de las rentas derivadas de la propiedad que genera renta). Este hecho ha creado un gran descenso de la demanda (puesto que la mayoría de la demanda procede de las rentas derivadas del trabajo), con el consiguiente descenso del crecimiento económico y de la producción de empleo. Los recortes del gasto público (incluido el gasto público social) han empeorado todavía más la situación, contribuyendo al descenso de la demanda, de la inversión y del crecimiento económico. La evidencia científica de que las políticas de austeridad han sido un austericidio es abrumadora.

El enorme desastre creado por las políticas neoliberales

Es sorprendente que, a la luz de la abundante evidencia que muestra el desastre que han causado, el establishment económico y financiero continúe proponiendo la continuación de estas políticas de lo que llaman reformas estructurales (que quiere decir bajar los salarios) y recortes del gasto público social (que significa el desmantelamiento del Estado del Bienestar). En este año 2016, ocho años después del inicio de la Gran Recesión, el PIB promedio de la UE está por debajo del que tenía en el año 2008. El de España es casi un 5% más pequeño. Y en aquellos que han visto crecer su PIB, como es el caso de Alemania y Francia, el crecimiento durante el periodo de la Gran Recesión ha sido minúsculo. En realidad, el impacto negativo en el quehacer económico ha sido incluso peor que la Gran Depresión, cuando el bajón económico duró un periodo menor (cinco años) que lo que está durando esta Gran Recesión (ocho años y continúa). En las áreas industriales, la producción ha disminuido un 10%, mientras que la inversión continúa siendo menor que la existente antes de la crisis. Y las causas, aunque ocultas o ignoradas en los medios, son claras y fáciles de entender (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Editorial Anagrama, 2015). Estudios que gozan de gran credibilidad documentan el enorme daño que las políticas neoliberales han causado en la situación social y en el bienestar de las clases populares. La «ortodoxia» neoliberal en los recortes ha llevado a una situación en la que la población en riesgo de pobreza en España es un 29%, siendo hoy uno de los países con mayores desigualdades a los dos lados del Atlántico Norte. Tales datos son detallados en el excelente artículo «How Austerity Has Crippled the European Economy – In Numbers», de Thomas Fazi, en Social Europe, 31.03.16. Y, por cierto, tales medidas han sido totalmente ineficaces para controlar la deuda pública (el supuesto objetivo de aquellas reformas), que ha continuando creciendo, siendo el pago de sus intereses uno de los mayores gastos en los que incurre el Estado español.

Es un indicador del enorme dominio del establishment económico-financiero del país sobre las instituciones políticas que todavía hoy se continúen aplicando estas políticas públicas neoliberales, que están claramente cuestionadas en muchos otros países de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo al español) y de Norteamérica.

La perpetuación de tales políticas neoliberales es un ataque a las clases populares

Los partidos conservadores, liberales y socioliberales continúan estancados en este dogma neoliberal que todavía domina las instituciones de gobernanza de la Eurozona, hegemonizadas por el Estado alemán. A no ser que cambien dichas políticas, el bienestar de las clases populares continuará estando muy deteriorado. En realidad, la continuidad no solo de las políticas públicas del PP, sino de las políticas llevadas a cabo durante los últimos años del gobierno PSOE, así como las promocionadas por el partido Ciudadanos, garantiza la persistencia de tal deterioro. La evidencia de que ello será así es abrumadora, y es sorprendente leer en la prensa las declaraciones de personajes de sensibilidad progresista que justifican la alianza PSOE-Ciudadanos bajo el argumento de “todo menos el PP”. En realidad, las propuestas económicas de Ciudadanos son incluso más duras que las del PP. A la luz de esta realidad, es asombroso que algunos dirigentes sindicales hayan propuesto una alianza del PSOE y Podemos con Ciudadanos. Asombro que es incluso mayor cuando la alternativa de crear un gobierno de coalición de izquierdas es posible si hubiera el apoyo del PNV y la abstención de los partidos secesionistas catalanes, posibilidad a la que los nacionalistas españolistas (que anteponen su visión de España por encima de todo lo demás) se niegan en rotundo, lo cual me lleva a tocar el segundo problema: el problema nacional.

La necesaria y urgente redefinición de España

El enorme dominio de las fuerzas herederas del estamento político de la dictadura (que claramente controlaban el aparato del Estado antes, durante e incluso después de la Transición de la dictadura a la democracia) explica que el producto de aquel proceso, la democracia española, se caracterice por ser enormemente limitada y de escasa calidad, muy poco representativa y altamente corrupta, con un muy limitado desarrollo de su Estado del Bienestar (que incluye las transferencias públicas, como las pensiones, y los servicios públicos, tales como la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales públicos, los servicios domiciliarios públicos, las escuelas de infancia públicas, la vivienda pública, entre otros, los cuales están, en general, muy poco financiados), siendo el gasto público social por habitante en cada uno de ellos de los más bajos de la Unión Europea de los Quince. España se gasta mucho menos en su Estado del Bienestar de lo que debería gastarse por su nivel de riqueza económica. Y ello se debe, como está ampliamente demostrado, al dominio que las fuerzas conservadoras (tanto de orientación neoliberal como de sensibilidad cristianodemócrata) han tenido sobre el Estado español (ver mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias, Editorial Anagrama, 2006).

Además del área social, este dominio de lo que comúnmente se llama “las derechas” sobre el Estado español aparece en su visión de España como una entidad política centrada por un Estado uninacional, de diseño radial, basado en la capital de Reino (donde los establishments económico, financiero, político y mediático están basados), entidad de poder que tiene poco que ver con las clases populares de la ciudad de Madrid, víctimas ellas mismas de estos establishments. Esta visión de España ha sido dominante a lo largo de su historia, y está basada en la Monarquía borbónica que, junto con el Ejército y la Iglesia Católica (entendiendo como tal la jerarquía eclesiástica), aumentada por la judicatura, han constituido los mayores aparatos de tal Estado (hay que recordar que la Iglesia, durante la dictadura, fue parte del Estado y todavía hoy está claramente interrelacionada con él).

Frente a esta visión de España, y en oposición a ella, ha habido otra visión, la visión plurinacional de España, que concibe el Estado no como uninacional, sino como plurinacional, poliédrico en lugar de radial, y la pertenencia al cual está basada en el consenso y la voluntad expresada libre y democráticamente, materializada en el derecho a unirse o a escindirse, llamado derecho de autodeterminación o derecho a decidir su articulación con el Estado. El momento álgido de esta visión fue durante la resistencia frente a la dictadura que representaba la versión extrema del Estado uninacional, y que mostró una gran hostilidad hacia la otra visión plurinacional, a la cual la consideraba como anti-España. Incluso el PSOE estaba a favor del derecho de autodeterminación de los distintos componentes de España, principio que abandonó, junto con otros, durante la Transición, en su periodo de acomodación al Estado español heredado del régimen anterior.

¿Están relacionados los dos problemas, el social y el nacional?

La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. No es por casualidad que uno de los fenómenos más importantes y más esperanzadores que existe en España sea precisamente el surgimiento de movimientos sociales y políticos que cuestionan este Estado uninacional y que están liderados por nuevas izquierdas basadas predominantemente en lo que los nacionalistas españolistas (portadores de la visión uninacional jacobina) definen como nacionalistas “periféricos”, y que, junto con las nuevas izquierdas de todos los territorios en España, representan el mayor estímulo transformador que hay en este país. Iniciado por uno de los movimientos de mayor valía que hayan existido en España en el periodo postdictatorial, el 15-M, sus huellas están claramente definidas en la evolución de los hechos. Este movimiento, todavía en formación, representa una amenaza para la estructura de poder económico-financiero-político-mediático, que creó el Podemos de derechas, Ciudadanos, el cual tenía y tiene como objetivo parar y abortar este movimiento transformador. Ciudadanos es un movimiento hostil tanto hacia la plurinacionalidad de España como hacia las medidas económicas redistributivas necesarias para salir de la crisis. Tal partido es un ejemplo manifiesto de la relación tan clara (pero deliberadamente ocultada en los medios) entre el problema social y el problema nacional en España. Existe hoy un conflicto entre aquellas fuerzas que quieren revertir las políticas neoliberales y recuperar una visión plurinacional por un lado, y las fuerzas que quieren mantener la continuación de ambas, por el otro. Este es el conflicto de hoy y que configurará el futuro político del país. Así de claro.

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