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Article publicat per Vicenç Navarro a la columna “Pensamiento Crítico” al diari PÚBLICO, 17 de maig de 2016.

Aquest article proveeix informació sobre les primàries als EUA desconeguda a Espanya, subratllant que hi ha possibilitats de que el candidat Trump pogués guanyar les eleccions en cas que la candidata Clinton fos la representant del Partit Demòcrata.

Es sorprendente y preocupante ver el grado de desconocimiento e ignorancia que el establishment político-mediático de EEUU tiene sobre lo que ocurre en su propio país. Era muy fácil ver el nivel de rechazo, enfado y frustración que la clase trabajadora estadounidense ha ido acumulando durante estos últimos años, causado por el descenso tan marcado de su nivel de vida como consecuencia del enorme deterioro del mercado de trabajo estadounidense, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos federales, fueran éstos republicanos (Bush padre y Bush hijo) o demócratas (Clinton, y ahora Obama). En realidad, tal establishment ni siquiera reconoce la existencia de la clase trabajadora (como también ocurre en España), refiriéndose a ella como “clase media”, lo cual no deja de ser también sorprendente, pues (también como en España) hay más ciudadanos estadounidenses que se autodefinen como “clase trabajadora” que como “clase media”. Pero el establishment político-mediático (como también ocurre en España) evita por todos los medios utilizar tales términos (que los presentan como “anticuados”) a fin de diluir cualquier conciencia de clase que pueda existir entre las clases populares del país.

Uno de los elementos que han influenciado más a la clase trabajadora en EEUU ha sido el desplazamiento de grandes empresas estadounidenses a países donde los salarios son mucho más bajos que en EEUU y donde la protección social es muy limitada o inexistente. Diariamente, empresas industriales se desplazan a México y a otros países de América Latina, así como a países asiáticos, destruyendo empleos en EEUU bien remunerados y estables, arruinando con ello regiones enteras del país. No sorprende, pues, el enorme enfado de las clases populares hacia el Estado federal y hacia el bipartidismo que lo sostiene, pues ambos partidos -el republicano y el demócrata (financiados por lo que en EEUU se conoce como “corporate class”, la clase corporativa, formada por, ni más ni menos, que los propietarios y gestores de las mayores empresas financieras e industriales del país, el IBEX-35 de EEUU)-, han facilitado, mediante exenciones fiscales, entre otras medidas, la exportación de tales industrias.

Era de prever, como algunos hicimos, que Trump (que hizo de su rechazo al establishment político-mediático del país y su antagonismo al gobierno federal, tanto a su rama ejecutiva como a la legislativa, el eje de su campaña electoral) ganaría las primarias del Partido Republicano, lo cual ha sido un shock inesperado a la estructura de poder económico y político del país, incluyendo el establishment del Partido Republicano. La base electoral de Trump ha sido precisamente la clase trabajadora de raza blanca (cuya esperanza de vida, por cierto, ha disminuido, consecuencia de la enorme crisis que está viviendo), que se ha movilizado en niveles no vistos desde la Gran Depresión. La masiva victoria de Trump en las primarias del Estado de Indiana (uno de los Estados más industriales del país, que ha sufrido una desindustrialización muy masiva) ha sido el último ejemplo de tal movilización obrera en apoyo de Trump. (durante los días de la campaña de tal Estado, la compañía Carrier anunció su traslado a México). El mensaje de Trump consistió en atacar a los gobiernos de los países donde se desplazaban tales compañías, acusándoles de robar puestos de trabajo a EEUU, y culpando también al Estado federal por su complicidad en el robo.

La respuesta a Trump del Partido Demócrata

Frente a Trump, la candidata que se perfila ganadora de las primarias del Partido Demócrata, la Sra. Hillary Clinton, es muy vulnerable, pues siendo la primera dama durante la Administración de su esposo, el Presidente Clinton dio enormes facilidades a las compañías que se desplazaron al extranjero, y más tarde como senadora, apoyó tratados de libre comercio que facilitaron tal movilidad de empresas. De ahí que aparezca casi como prototipo del establishment político-mediático rechazado por la clase trabajadora. La estrategia seguida por la candidata Clinton y por el aparato del Partido Demócrata es movilizar a los votantes afroamericanos y latinos y a las mujeres, intentando, por una parte, movilizar a estos grupos en contra de Trump, algo fácil de lograr habiendo visto la hostilidad de Trump hacia tales grupos étnicos y de género. Pero, por otra parte, la Sra. Clinton intenta también enfatizar los programas antidiscriminatorios encaminados a facilitar la integración de las minorías y de las mujeres en las estructuras de poder de EEUU. Es interesante notar que este mensaje es exitoso primordialmente en aquellas partes del país, como en el sur, donde la discriminación es particularmente acentuada. Tal mensaje es también más exitoso entre las personas de mayor edad en aquella zona que en el resto del país. De ahí que las mayores asociaciones aliadas a la candidata Clinton sean las asociaciones antidiscriminatorias de los negros, latinos y mujeres, lideradas por personas de clase media alta pertenecientes a estos grupos, asociaciones que están integradas dentro del aparato del Partido Demócrata, que masivamente apoyan a la Sra. Clinton. Ahora bien, tales mensajes tienen menos capacidad de movilización entre las personas más jóvenes y entre la clase trabajadora, que por lo general, han apoyado al candidato alternativo demócrata, el senador Bernie Sanders, que no habla tanto de la integración en el sistema sino del cambio de tal sistema. Entre las personas menores de 45 años, este último candidato es el que consigue más apoyo.

La Sra. Clinton puede perder las elecciones

Frente a la alternativa Trump-Clinton, Trump podría ganar. En realidad, la última encuesta de la compañía de encuestas Rasmussen muestra que entre las personas que probablemente votarían, Trump ganaría (41% versus 39%) a Hillary Clinton. Y ahí está el drama del Partido Demócrata, al cual le está entrando auténtico pánico. Como era también predecible, el Partido Republicano ya ha apoyado a Trump, reconociéndole como su candidato, aun cuando algunas figuras republicanas como la familia Bush han indicado que no le votarán. Pero la mayoría del aparato le apoyará, pues su primer objetivo es expulsar al Partido Demócrata del poder.

La única alternativa para el Partido Demócrata sería el candidato Sanders. Todas las encuestas muestran que Sanders ganaría a Trump por amplios márgenes. El aparato del Partido Demócrata, sin embargo, está en contra del candidato Sanders, que se ha presentado a las primarias del partido sin ser miembro del mismo. En EEUU, el sistema bipartidista está diseñado de tal manera que es imposible para un tercer partido competir en las elecciones con posibilidades de ganar. En realidad, la mayoría del electorado no es demócrata ni es republicano. Es independiente. Y la mayoría de independientes favorecen al candidato Sanders. Pero no pueden participar en las primarias del Partido Demócrata, excepto en algunos Estados. En aquellos que sí pueden, Sanders ha ganado. Si EEUU tuviera un sistema proporcional, Sanders barrería. Al no ser proporcional y excluir a los independientes, gana las primarias el que tiene el apoyo del aparato y el de los miembros del Partido Demócrata.

Bernie Sanders ha sido siempre coherente con sus posturas en defensa de la clase trabajadora. Es también el único candidato que habla explícitamente de la clase trabajadora y ha reivindicado siempre sus intereses. Se opone ahora, como siempre lo hizo, a los tratados de libre comercio, que interpreta correctamente como tratados sesgados a favor del mundo empresarial a costa del mundo del trabajo. Sus propuestas para dificultar el movimiento de industrias fuera de EEUU incluyen revertir las ventajas fiscales provistas por el gobierno federal a las que dejan el país. Y un dato muy importante en su propuesta es que el Estado Federal no contratará a ninguna empresa (sea del tipo que sea) a no ser que esta pague buenos salarios y se comprometa a no irse del país. También exige a todas las empresas estadounidenses ubicadas en otros países el cese de las ventajas fiscales, además de reclamar que paguen impuestos como si estuvieran en EEUU, desincentivando su salida del país. El hecho de que Sanders continúe ganando a Trump en la mayoría de encuestas está debilitando a su vez a la Sra. Clinton, a la cual se la ve como el prototipo del establishment. Hoy es difícil prever qué ocurrirá en aquel país.

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