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Article publicat per Vicenç Navarro a la columna “Dominio Público” al diari PÚBLICO, 8 de març de 2017.

Aquest article fa una crítica de l’entramat existent entre els poders financers i econòmics, d’una banda, i els equips econòmics del PSOE de l’altra, donant peu a una complicitat en el desenvolupament de les seves polítiques econòmiques i financeres. L’article detalla la naturalesa de tals entramats, que han tingut lloc tant amb els governs de Felipe González com amb els governs de José Luis Rodríguez Zapatero.

A primera vista, parece sorprendente que sea tan difícil para la dirección del PSOE comprender por qué la socialdemocracia en España (y en Europa) ha ido perdiendo apoyo electoral desde ya hace años, pérdida que se acentuó de una manera muy marcada en los últimos años de gobierno del PSOE, que fueron los años del inicio y desarrollo de la Gran Recesión. La explicación más común que dan voces de esta dirección (y columnistas próximos a tal partido) a este descenso del apoyo electoral es que la estructura social del país ha ido cambiando, de tal manera que la clase trabajadora (que tradicionalmente había sido la base electoral más sólida y leal de dicho partido) ha ido desapareciendo o se ha ido transformando en clase media, que ha pasado a ser la mayoría de la población. Esta explicación continúa apareciendo de una manera explícita o, más frecuentemente, de una manera implícita, en las declaraciones de dirigentes de tal partido, justificando así su pérdida de apoyo electoral.

La evidencia que podría avalar tal argumento, sin embargo, no existe, tal como he indicado en mi reciente artículo “Las consecuencias del poder de clase: el subdesarrollo social de España (parte I)” (Público, 23.02.17). Los datos existentes muestran que hay más personas en España que se autodefinen como clase trabajadora que como clase media, situación que, por muy paradójico que parezca, ocurre en la mayoría de países capitalistas a los dos lados del Atlántico Norte. En realidad, la explicación de tal descenso electoral no radica en los cambios del electorado, sino en los cambios en las direcciones y aparatos de dicho partido, habiendo éstos incorporado, en sus políticas económicas, elementos clave de la ideología liberal (que se conoce en la narrativa popular como neoliberal) enraizados en la cultura económica dominante, configurada por los poderes económicos y financieros, que ejercen un enorme dominio en la configuración del conocimiento económico que se expresa no solo en las revistas económicas académicas y en los think tanks (como Fedea, sostenidos y financiados todos ellos por dichos poderes económicos y financieros), sino también en las páginas de los espacios económicos de los mayores medios de comunicación y persuasión del país. La gran mayoría de los “gurús” económicos en tales medios (como Sala i Martín en los medios públicos de la Generalitat de Catalunya -TV3 o Catalunya Ràdio-, o José Carlos Díez, promocionado en El País o en La Sexta) son (y se definen a sí mismos como) liberales.

El dominio del pensamiento liberal en los equipos económicos del PSOE

Este dominio del pensamiento liberal ha sido particularmente acentuado en los equipos económicos de tal partido. Miguel Boyer, Carlos Solchaga, Pedro Solbes, Elena Salgado, Miguel Sebastián, Jordi Sevilla, y muchos más, se definieron todos ellos como liberales. Y todos ellos procedían, antes de aceptar los cargos políticos, de las esferas privadas próximas al mundo empresarial (y especialmente al financiero), o de la administración pública en la regulación de los sectores financieros, estableciéndose un entramado entre esos intereses financieros y económicos, por un lado, y los dirigentes de las políticas económicas del PSOE, por el otro, lo que tuvo un enorme impacto en el desarrollo de las políticas públicas del partido. Rubén Juste acaba de publicar un excelente libro, “IBEX-35, una historia herética del poder en España”, que detalla y documenta extensamente la relación de clara complicidad entre muchos de ellos y las mayores empresas financieras, industriales y de servicios que componen el IBEX-35 (el centro de poder económico del país). En realidad fue Solchaga el economista liberal que, siendo Ministro de Economía, jugó un papel clave en el establecimiento de dicho IBEX-35. Y fue otro economista, también liberal, el sr. Solbes, el que, al terminar su mandato como Ministro de Economía, señaló que la política pública de la cual estaba más orgulloso era “no haber aumentado el gasto público” en España, dicho y hecho en el país de la UE-15 con uno de los menores gastos públicos por habitante (ver entrevista a Pedro Solbes en el diario El País, 22.07.2007). Más tarde, tal ministro pasó a dirigir las políticas de ortodoxia liberal en la Comisión Europea.

Los economistas neoliberales de la época Zapatero

Jordi Sevilla y Miguel Sebastián encajaron perfectamente en la definición de economistas liberales, definiéndose cada uno de ellos como pertenecientes a tal sensibilidad político-económica. El primero, Jordi Sevilla, señaló en más de una ocasión que bajar impuestos era de izquierdas (frase que repitió más tarde el Presidente Zapatero, al cual estaba asesorando), acentuando además que no era necesario un aumento del gasto público en España, señalando que “solo los socialdemócratas tradicionales [la manera amable de decir anticuados] como Vicenç Navarro” están todavía pidiendo un aumento del gasto público, todo ello dicho y hecho en el país que continuaba teniendo uno de los menores gastos públicos sociales en la UE-15 (el grupo de países de similar nivel de desarrollo al español). Y Miguel Sebastián, como bien señala Rubén Juste, siguió la misma filosofía liberal de Solchaga, del cual fue discípulo, dando gran protagonismo al IBEX-35 en la respuesta a la crisis iniciada bajo el mandato del Presidente Zapatero.

¿Por qué los equipos económicos del PSOE son liberales?

Un hecho llamativo en el PSOE es precisamente el gran dominio de los economistas liberales en los equipos económicos de los distintos gobiernos del PSOE (desde que se estableció la democracia); no solo todos los ministros de Economía, sino también los responsables de otros ministerios de las esferas económicas y financieras del gobierno han sido y se han definido a sí mismos como liberales. El lector se preguntará: ¿por qué han sido todos ellos neoliberales? Y, ahí, la respuesta es también extraordinariamente clara de ver. Su dominio y desarrollo de las políticas económicas es, ni más ni menos, resultado del maridaje y del entramado del poder financiero y económico, por un lado, con el poder político (y también mediático), por el otro. La evidencia de este maridaje y entramado es abrumadora. Existe una larga lista de estudios que documentan su existencia. El último de ellos es el ya citado libro de Rubén Juste.

Y esta situación es fruto de la percepción de la dirección política del PSOE de la necesidad de proveer estabilidad y seguridad a los poderes fácticos financieros y económicos, que podrían estar atemorizados por el discurso socialista y la narrativa movilizadora de su lenguaje político y electoral. De ahí que los presidentes de los gobiernos del PSOE hayan siempre asignado a economistas liberales la dirección de las áreas económicas y financieras, mientras que los economistas más socialdemócratas eran asignados a las áreas sociales. Estas dos sensibilidades han estado siempre presentes en los gobiernos PSOE, relación que no siempre ha sido complementaria pues, en esta bipolaridad, la batuta y el bastón de mando los ha llevado, en la mayoría de los casos (con contadas excepciones), el equipo económico, que es el que ha establecido el marco dentro del cual se desarrollan las políticas sociales. Estas han podido desarrollarse en momentos de expansión económica, pero, en momentos de regresión, como el periodo de la Gran Recesión, el dominio de las políticas liberales definido por el equipo económico ha sido absoluto. No hay que olvidar que las políticas características del neoliberalismo frente a las crisis fueron iniciadas por el gobierno Zapatero. Y es extraordinario que la dirección del PSOE no haya hecho una autocrítica de tales políticas, pues es esta aplicación de tales políticas (la reforma laboral que determinó el gran deterioro del mercado de trabajo, y los enormes recortes del gasto público social, como parte de las políticas de austeridad) la que conllevó su enorme descenso electoral.

¿Cambiará el PSOE?

Todas las señales muestran que si el PSOE sigue la dirección iniciada por su gestora y por la candidata a la Secretaría General, la Sra. Susana Díaz, tales políticas continuaran. Y una prueba de ello es que se ha asignado a otro economista que explícitamente se define como liberal para dirigir su programa económico. El economista José Carlos Díez, que es asesor de tal candidata, es el “gurú” económico de El País y lo fue por un periodo de La Sexta. Su propuesta Ponencia 2017 (de la cual ha coordinado la parte económica) tiene un claro estilo empresarial, acentuando la necesidad de mejorar el capital humano de la población laboral, siguiendo las recetas de las escuelas de negocios que consideran al trabajador primordialmente como un instrumento para optimizar y servir al capital, enfatizando más y más reformas laborales que aumenten la competitividad del mundo empresarial, considerando como objetivo del programa del PSOE que los salarios alcancen el nivel del año 2011. El programa critica la reforma laboral del PP pero no dice nada de la reforma laboral del PSOE (que fue la que inició el deterioro del mercado laboral). En cuanto a su política social, esta puede reducirse a políticas asistenciales que atiendan a los pobres para eliminar la pobreza, y a enfatizar políticas que garanticen la igualdad de oportunidades (el eslogan que caracteriza al pensamiento liberal), ignorando que para que exista igualdad de oportunidades entre un niño o una niña de un barrio como Nou Barris (barrio obrero de elevado desempleo) y Pedralbes (barrio burgués) se requiere no solo ayudas a la pobreza sino medidas profundamente redistributivas, no consideradas en el programa Ponencia 2017.

Ni que decir tiene que, aquí y allá, hay propuestas que parecen haber sido añadidas al repertorio liberal por presión de otras sensibilidades, propuestas que podrían dar la impresión que los autores del programa, el Sr. Díez entre ellos, parecen haber cambiado. En este sentido hay una propuesta que merece citarse pues significa un cambio notable de pensamiento de tal personaje.

La osadía (o cara dura) del economista Sr. Díez

Cuando el profesor Juan Torres y yo preparamos para Podemos las líneas estratégicas de lo que debería ser el programa económico de un gobierno progresista, Democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida. Una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española, el Sr. Díez, entonces el gurú económico de El País, nos criticó con el sarcasmo e insulto que caracteriza a las derechas liberales de este país. Con un tono predeciblemente condescendiente (también característico de la pomposidad del poder, aupado por las cajas de resonancia mediática que dicho poder les ofrece), escribió en las páginas de tal rotativo que, aun cuando teníamos buenas intenciones, no sabíamos de lo que estábamos hablando, pues cuando proponíamos que el Banco Central Europeo prestara dinero al ICO para que este lo prestara directamente a las pequeñas empresas hacíamos gala de nuestra ignorancia, pues lo que proponíamos ya -según él- existía: el ICO ya recibía tal dinero y hacía lo que estábamos proponiendo. Ni que decir tiene que la gran mayoría de medios reprodujeron su crítica, aunque no nuestra respuesta, que sentimos que era necesaria, pues era él quien no sabía lo que estaba haciendo el ICO, ya que este no estaba haciendo lo que nosotros proponíamos (y que yo había elaborado intensamente en mis escritos). Ni El País ni ningún otro rotativo que había publicitado la crítica de tal personaje publicaron nuestra respuesta.

Ahora bien, lo que representa ya un elevado nivel de osadía (que a nivel popular se diría caradura) es que en las propuestas que tal señor hizo hace unos días en la presentación del programa económico del PSOE, hiciera prácticamente la misma (repito, prácticamente la misma) propuesta que Juan Torres y yo habíamos hecho en nuestro documento, algo que él entonces había señalado, ERRÓNEAMENTE, que el ICO ya hacía. Esto es una muestra de la manipulación que tal señor ejerce.

Las manipulaciones del gurú económico de la gestora del PSOE

Tal desfachatez (manipulación incluida) continuó en otra nota de El País, inspirada por el mismo personaje, donde se me criticó que atribuyera el gran éxito económico del Estado de North Dakota (EEUU) al hecho de que era de los pocos Estados que tenían una banca pública (ver “La banca pública es mejor que la banca privada: el caso de EEUU”, Sistema, 14.10.11). El País intentó ridiculizarme indicando que el gran éxito se debía a la existencia de petróleo en tal Estado. El que lea mi artículo puede ver que no atribuyo al hecho de que tal Estado tuviera una banca pública la única responsabilidad de haber controlado mejor sus finanzas (pues había otros factores), pero no hay duda de que la existencia de dicha banca pública, que gestionó los fondos públicos, tuvo gran influencia en tal éxito. Otros Estados, productores de petróleo y sin banca pública, no han gestionado tan bien sus deudas públicas.

Los economistas liberales, desde El País, constantemente manipulan y tergiversan las propuestas de aquellos a los que quieren destruir. Sin embargo, espero que, como ocurrió con el tema del ICO, los nuevos equipos económicos del PSOE (rama Susana Díaz) evolucionen y terminen apoyando la extensión de la banca pública en España, el país de la UE-15 que tiene uno de los sectores públicos bancarios más reducidos y uno de los sectores privados más hipertrofiados y extendidos. Por desgracia, excepto por la proposición de convertir el ICO en una banca pública, no cuestionan el excesivo protagonismo que la banca privada tiene en España. Y dudo que lo hagan, pues todos ellos son muy cercanos a la banca privada.

De ahí y de otras limitaciones del programa de Díez, concluyo que este programa continuará el declive del PSOE, pues en líneas generales no significaría el cambio profundo que el país necesita. Significará que el PSOE continuará siendo el apoyo del PP (junto con Ciudadanos), intentando ser la hoja de parra (añadiendo una dimensión social) que cubra el cuerpo desnudo liberal del gobierno del PP.

¿Puede cambiar el PSOE? La propuesta de Pedro Sánchez

Hay una alternativa al programa producido por la gestora del PSOE. Es el documento Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia del candidato a la secretaría general del PSOE, Pedro Sánchez, que intenta movilizar a las bases y la militancia del PSOE. Es un programa distinto y con muchos elementos progresistas, claramente inspirado por el programa de Podemos, recogiendo muchas de las propuestas que hizo este partido en las últimas elecciones. La narrativa utilizada en el programa recupera el discurso de la socialdemocracia (cuando esta era socialdemócrata), incluyendo, sin embargo, algunos de los errores de la narrativa de la socialdemocracia, que quedan reflejados en la nota introductoria del programa cuando hace suyo el eslogan (del congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1959, en Bad Godesberg) que proclama que “la socialdemocracia aspira a tanto mercado como es posible, y a tanto Estado como sea necesario”. Esta dicotomía mercado versus Estado, sin embargo (aunque suene muy bien), es errónea, pues mucho de lo que se conoce como mercado no es mercado (como ocurre en el mal llamado mercado energético en España, cuyas limitaciones son resultado de la complicidad del Estado con las empresas energéticas). Y, por otro lado, se pueden tener mercados dentro del sector público de una economía. Lo que ha caracterizado a la socialdemocracia en Europa ha sido la aplicación de políticas que empoderaron a la clase trabajadora, permitiéndole que aumentara sus niveles de exigencia, una clase trabajadora que, en aquellos países en los que había conseguido mayores derechos laborales, sociales y políticos, llegó a cuestionar el enorme poder del capital, poder que limita el poder político. Las reformas Meidner en Suecia fueron un claro ejemplo de ello. Y la crisis de la socialdemocracia se debió precisamente a haber contribuido al maridaje del poder económico con el poder político y mediático, bien definido por Pablo Iglesias recientemente como trama o, como he indicado antes, entramado.

Es la imperativa necesidad de romper con este maridaje a lo que un programa económico de una opción socialista (en realidad, de cualquier opción auténticamente democrática) debería dar prioridad. Y ello incluye no solo el fin de las puertas giratorias entre el mundo financiero y empresarial y el mundo político, sino unas políticas más atrevidas en su enfrentamiento con el poder financiero y económico del país para anular su excesivo poder político y mediático.

La necesidad de romper el entramado

Estas observaciones no tienen como objetivo desmerecer y minusvalorar el programa del candidato Sánchez. Todo lo contrario, considero positivas un gran número de sus propuestas, pero en políticas públicas, cualquier política pública deber evaluarse en el contexto político en el que se desarrolla. Y el problema mayor de la economía española es la excesiva concentración del poder económico y su hipertrofiada influencia sobre el Estado y sobre los medios, tema poco tratado en el programa. Esta influencia no es solo mala para la salud democrática del país, sino también para su eficiencia económica, tal como he señalado en mi artículo “Las consecuencias del poder de clase: el subdesarrollo social de España (parte 1)”. El silencio ensordecedor del programa en este punto clave resta credibilidad a sus propuestas.

Otro problema es que en sus ansias de querer ser políticamente correcto, no toca algunos temas que son igualmente relevantes y que impactan en la calidad de vida de las clases populares. Hoy el mayor problema social y económico del país es el escaso desarrollo de la dimensión social del Estado, viéndose los servicios y transferencias públicos del Estado del Bienestar más como un gasto que no como una inversión. Invertir en escuelas de infancia es mucho más importante no solo para la calidad de vida de las familias, sino para la eficiencia económica del país, que continuar expandiendo el AVE en España. La primera inversión ayuda, además de a crear empleo, a facilitar a la mujer su integración en el mundo del trabajo. Y así miles de ejemplos.

Otro problema es que se le ve el plumero, pues en su intento de ir más allá que Podemos hace una serie de propuestas, como reducir la semana laboral a 30 horas o instaurar una Renta Universal sin establecer un calendario, sin el cual tales proposiciones quedan como “buenas intenciones” sin más.

La necesidad de ser creíble en la alternativa Sánchez

Ahora bien, es un buen paso, y es mucho mejor que el del Sr. Díez. Por cierto, también hace suya la propuesta sobre el ICO que Juan Torres y yo realizamos. Pero las reservas que me genera su plan parten de su credibilidad. No es la primera vez que el PSOE promete mucho y se queda muy corto. En realidad, la lectura de sus propuestas y la no realización de ellas lleva a una frustración, origen del escepticismo sobre tales propuestas. Y no es que dude de la intención sincera de sus autores. Pero hay que ser consciente de que el PSOE siempre ha tenido una izquierda que, por muchas propuestas progresistas que haga, permanece callada cuando sus propuestas no solo no se incluyen en las políticas públicas del partido, sino que se aplican incluso otras contrarias de sentido liberal. ¿Dónde estaban los izquierdistas cuando Zapatero aprobó la reforma laboral, o cuando hizo la reforma del artículo 135 de la Constitución? Solo Josep Borrell protestó; nadie más.

De ahí el escepticismo. Puede que un aspecto más optimista sea que entre sus autores hay personas que proceden del equipo de Borrell, como Manuel Escudero, que es el que dirige el proyecto económico del Sr. Sánchez, economista que en su día nos felicitó a Juan Torres y a mí por el programa económico que propusimos, y que incluso ofreció su apoyo a Podemos. Me alegra saber que un economista con el que tengo grandes acuerdos (aunque también importantes desacuerdos que he reflejado en mi debate en Público sobre la sociedad futura sin trabajo) esté intentando renovar el PSOE, pues considero clave para el futuro del país que el PSOE cambie sus políticas económicas y sociales.

Y me alegra ver que hay una alternativa a la de la gestora del PSOE. Pero el mayor indicador de su credibilidad es definir su relación con Unidos Podemos. Las elecciones en 2015 y 2016 mostraron claramente que el aparato del PSOE vetó que este gobernara en colaboración con Podemos. Esto fue lo que imposibilitó que hubiera un gobierno con mayoría de izquierdas en 2016. El veto que el aparato del PSOE hizo a un gobierno del PSOE con Unidos Podemos es lo que hizo posible que Rajoy gobernara. Tal como detalla Rubén Juste, tanto en las elecciones de diciembre de 2015 como más tarde en las de junio de 2016, los miembros del banco “CaixaBank” fueron los que se movilizaron más para promover la Gran Coalición PP-PSOE-Ciudadanos, a fin de parar a Podemos. Juan Rosell, consejero de La Caixa y presidente de la gran patronal CEOE, tuvo una activa agenda de reuniones con el PSOE y Ciudadanos para presionarlos en esta dirección. Juan Luis Cebrián (presidente del consejo de administración de PRISA, participada por La Caixa, en cuyo consejo está, desde 2007, Alain Minc) y Villar Mir, consejero de Abertis, donde coincidió con Isidre Fainé y Salvador Alemany, estaban también en el entramado presionando para que se estableciera la Gran Coalición. Tampoco se puede olvidar al mismísimo Felipe González, que estaba en Gas Natural, donde coincidió con Fainé de nuevo. Tales presiones, aunque discretas, fueron conocidas por las autoridades del IBEX-35 y, naturalmente, por los dirigentes de los partidos políticos cuya coalición era deseada. Y entre ellos estaba el Secretario General del PSOE en aquel momento, Pedro Sánchez, que sabía de su vulnerabilidad en caso de oponerse a tal coalición, hecho que constató en su entrevista con Jordi Évole en Salvados, sin mencionar, sin embargo, ninguno de los nombres de las personas en el entramado procoalición y que jugaron un papel clave en el golpe dentro del PSOE que lo destituyó. Y ganó así la opción (como Rubén Juste señala en su libro) que había propuesto el IBEX-35, liderado por el presidente de la Fundació Bancària La Caixa, de establecer la Gran Coalición. Y esto tiene que ver con el sujeto de este artículo. El equipo económico del candidato Sánchez de aquel momento se sentía más cómodo con el equipo económico del PP y de Ciudadanos que no con las propuestas económicas de Unidos Podemos, a las cuales consideró “extremistas”, excesivamente “utópicas” o cualquier adjetivo peyorativo que se les ocurriera.

Es un paso adelante que varias de estas propuestas estén ahora apareciendo en el programa de Sánchez. Pero la credibilidad de este quedará reflejada si el candidato Sánchez aclara si estará dispuesto o no a gobernar a nivel del Estado con Unidos Podemos y sus confluencias. Si no se aclara este punto clave se señalará que acepta el veto de los de siempre y todo quedará en una nueva tarea de marketing político. Hoy no puede haber un gobierno progresista en España sin una alianza de gobierno entre el PSOE y Podemos. Y el aparato del PSOE, bien reflejado en la gestora y en la candidatura de Susana Díaz, no lo permitirá. De ahí que para el bien del país se exige que el nuevo Sánchez no solo haga suyos muchos de los elementos que aparecen en el programa de Unidos Podemos, sino que también esté dispuesto a gobernar con Unidos Podemos bajo un programa común. De no aclararlo ahora, no recuperará su credibilidad. Así de claro.

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