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Publicat en el diari digital EL PLURAL, 29 de Maig de 2009

Aquest article analitza críticament les polítiques liberals promogudes pel FMI que van arribar al seu màxim desenvolupament durant el període en que va estar dirigit per Rodrigo Rato.Es sorprendente que no exista un debate en la prensa económica española, o en la prensa en general, sobre las aportaciones que los gobiernos del G-20 (incluyendo España) están haciendo al Fondo Monetario Internacional (FMI). Parece existir una idea bastante generalizada, en tales medios, de que la ayuda de estos gobiernos al FMI es, en realidad, una ayuda (expresada como préstamo) a los países en crisis financiera para que puedan poner su casa en orden. De ahí que se vea casi como una ayuda humanitaria a los países, en su mayoría subdesarrollados, que están teniendo dificultades.

Esta visión, sin embargo, es errónea. El FMI ha sido una de las instituciones –como el Banco Mundial- que ha promovido con mayor intensidad y dureza el credo neoliberal, que ha sido tan desastroso para la economía mundial y para los países subdesarrollados. Y una de las peores épocas fue precisamente la época en la que el FMI estuvo dirigido por Rodrigo Rato. Su docilidad hacia las políticas instruidas por la administración Bush tuvo como consecuencia un reforzamiento de las políticas liberales, que causaron gran perjuicio a los países subdesarrollados. Es bien conocido que el director general del FMI, siempre un europeo, sigue las directrices del gobierno federal de EEUU. Pero esta situación alcanzó niveles de cumplimiento nunca vistos antes, un hecho ampliamente conocido en el mundo político e intelectual de Washington. Rodrigo Rato tuvo también la reputación, en estos círculos, de ser una persona más atenta a la política española que al mundo de las finanzas internacionales. Varios economistas especializados en temas de finanzas internacionales, como Mark Weisbrot, del Center for Economic and Policy Research de Washington, consideran que la etapa del FMI bajo la dirección de Rodrigo Rato, fue la etapa en la que tal institución fue más neoliberal. El FMI exigió, entonces, unas condiciones leoninas a los países que pedían préstamos, forzándoles a reducir su gasto público, a eliminar su déficit del estado, a desregular la banca y los mercados de trabajo. Con estas políticas contribuyó a empeorar la situación de muchos países subdesarrollados.

La llegada de un nuevo director -Domenique Strauss-Kahn- pareció que marcaría un cambio. Es más, la crisis había cuestionado los criterios que el FMI promovía en el mundo. En realidad, bajo Rodrigo Rato, el FMI había llegado a un nivel de desprestigio nunca alcanzado antes. Voces, no sólo en el mundo subdesarrollado, sino incluso en Washington, llegaron incluso a pedir que desapareciera el FMI. De ahí que la llegada del nuevo director significara una nueva esperanza, que traería cambios. Y los ha habido, pero hasta cierto punto. El FMI promueve, ahora, políticas keynesianas de estímulo económico para los países desarrollados (un cambio en las políticas neoliberales anteriores), pero en cambio continúa con las políticas de austeridad de gasto público en los países subdesarrollados, a los que no se permite desarrollar su gran potencial como consecuencia de las políticas de aquella institución. En sus préstamos, el FMI continúa exigiendo a tales países una austeridad de gasto público que está dificultando tanto su desarrollo como su salida de la crisis.

De ahí que haya habido una revuelta del sector progresista del Partido Demócrata protestando por el hecho de que el Congreso aceptara asignar 108.000 millones de dólares al FMI. Tal como ha señalado el citado Mark Weisbrot, “es un enorme error proveer fondos al FMI sin que haya una reforma profunda de tal institución, cambiando el criterio neoliberal seguido durante todos estos años”. Y 33 miembros del Congreso de EEUU han enviado una carta al Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso pidiendo tal cambio en el criterio y en el comportamiento del FMI, así como en la falta de transparencia del FMI. Es sorprendente que este tema no se haya discutido en las Cortes Españolas, puesto que el gobierno español es también uno de los donantes al FMI.

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