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Publicado en la revista digital SISTEMA, 13 de noviembre de 2009

Las políticas promovidas por el Banco Central Europeo y por la Comisión Europea (y muy en especial por el Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios) han sido, en gran parte, responsables de la ralentización del crecimiento económico y del crecimiento del desempleo en la mayoría de países de la Unión Europea.

El colapso del Tratado de Bretton Woods fue uno de los factores que concienció, en gran manera, a los centros financieros europeos (y muy en particular al Banco Central Alemán) de la necesidad de garantizar una estabilidad monetaria. Tal Tratado había establecido el dólar como el punto de referencia para definir el valor de todas las monedas. Cuando el Presidente Nixon terminó, en la práctica, con tal tratado, el dólar dejó de ser punto de referencia y fluctuó, como todas las otras monedas, variando según el mercado de divisas. El Presidente Nixon de EEUU decidió terminar tal tratado a fin de debilitar al dólar y favorecer las exportaciones estadounidenses. El hecho de que no hubiera una moneda referencia creó una gran inestabilidad económica. Era difícil mantener un comercio internacional estable con tal variabilidad monetaria.

La respuesta europea a esta situación fue el establecimiento del euro. Suponía en la práctica la sustitución del marco, la moneda alemana, que era la más fuerte en Europa, por el euro. Pero el Banco Central Alemán, el Bundesbank, puso una serie de condiciones para asegurarse que la nueva moneda no fuera más débil que el marco al cual sustituía. Estas condiciones, aprobadas entusiastamente por la comunidad bancaria en los países que pasaron a constituir la Unión Europea, es lo que constituyen las políticas neoliberales, responsables, desde que se establecieron, del lento crecimiento económico, de la disminución de la creación de empleo, y del aumento del desempleo en la Unión Europea.

El control de la inflación como objetivo principal del Banco Central Europeo
Para los Bancos, el mayor enemigo es la inflación. Si una persona tiene 100 euros al principio del año y la inflación es de un 10%, al final del año, tal persona en la práctica tiene sólo 90 euros. Es decir, su capacidad adquisitiva ha disminuido un 10%. Los bancos tienen millones y millones de euros, y tienen una lucha a muerte en contra de la inflación.

¿Cómo garantizar que la inflación sea baja? Una medida es que el precio del dinero sea alto, con lo cual, además de beneficiarse al aumentar el precio de lo que venden, es decir, del dinero, reducen la actividad económica, pues tanto las personas como los empresarios tienen menos facilidades para conseguir dinero prestado (lo que llamamos crédito) y así poder comprar e invertir y estimular el crecimiento económico y la creación de empleo. La reducción  de la actividad económica frena las posibilidades de que crezca la inflación. Pero ello se hace a un coste elevado: la reducción del crecimiento económico. Una de las causas de que la economía estadounidense haya crecido más que la economía europea es precisamente porque  los intereses del Banco Central Estadounidense (The Federal Reserve Board) han sido históricamente más bajos que los del Banco Central Europeo. De ahí que el desempleo en el promedio de los países de la UE haya sido en los últimos treinta años más elevado en la UE que en EEUU.

La otra condición para establecer el euro fue el tratado de Maastricht, que estableció las bases para ralentizar el crecimiento del gasto público. Así, no se permitió a los estados tener un déficit del estado superior al 3% del PIB, ni una deuda pública mayor del 60%. Estas condiciones fueron acompañadas de una cultura fiscal generalizada que asumía que la mejor manera de estimular la economía era bajar los impuestos en lugar de aumentar el gasto público y crear empleo a través de tal gasto. En realidad, lo último fue visto con malos ojos. El guardián de la ortodoxia económica y monetaria en la UE, el Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el Sr. Pedro Solbes, acentuó en múltiples ocasiones que la bajada de impuestos era más estimulante para la economía que la subida del gasto público. Ello se convirtió en el dogma que siguió la cultura económica y monetaria en Europa, promovida por la Comisión Europea. Este dogma se reprodujo a base de fé, no a base de evidencia, porque la existente muestra claramente que, por lo general, el crecimiento del gasto público es más estimulante para la economía que la bajada de impuestos.

Aquí hay que hacer una aclaración, pues una respuesta que se da a esta afirmación mía, es que el gasto público como porcentaje del PIB es mayor en los países de la UE que en EEUU, y por lo tanto, al ser este gasto público mayor en la UE, la Unión Europea debiera crecer más que EEUU. Pero no estamos hablando del impacto del gasto público ordinario (el ya existente), sino del crecimiento del gasto público en momentos de recesión o ralentización económica. Desde este punto de vista, la respuesta a las bajadas de actividad económica en EEUU por parte del gobierno federal, ha sido siempre una subida muy acentuada del gasto público, a costa de permitir un elevado crecimiento del déficit público (el último ejemplo es el de la Administración Obama, con un déficit del Estado de un 13% del PIB). En Europa, el promedio del déficit público de los países de la UE-15 es sólo un 5,4% del PIB. EEUU, cuyo crecimiento económico ha sido mayor, y su desempleo menor que el de la UE (en los últimos treinta años), no hubiera sido aceptado en la UE pues no ha seguido ninguno de los mandatos del Tratado de Maastricht.

Es importante subrayar que los países del este de Europa que han tenido que seguir las condiciones de pertenencia a la UE-15, han visto disparar su desempleo, siendo el caso más acentuado el de Polonia, con un 22%. Vemos pues, que la evidencia (ignorada en los medios de información económica española) muestra claramente que la manera como se ha ido construyendo la Unión Europea, con las condiciones dictadas por el capital financiero, es la responsable de la ralentización del crecimiento económico, de la escasa producción de empleo y del elevado desempleo. La situación se ha acentuado todavía más ahora con la crisis, cuando la insistencia en mantener aquellas condiciones está retrasando la recuperación económica y puede llevar a un empeoramiento de la situación. Las llamadas a la “ortodoxia” monetaria (por parte del Sr. Joaquín Almunia, Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, del Sr. Fernández Ordóñez, Gobernador del Banco de España, del Sr. Gerardo Díaz Ferrán, Presidente de la Patronal, del Sr. Cristóbal Montoso, Portavoz económico del PP, y del ex ministro Rodrigo Rato) es una nota de suicidio económico.

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