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Publicado en la revista digital SISTEMA, 4 de diciembre de 2009

Este artículo enfatiza la necesidad de romper con la visión  centralista y uniforme de España, que niega en la práctica la diversidad de las nacionalidades y regiones que constituyen nuestro país. Las izquierdas tienen que ser sensibles y no añadir su voz al mensaje centralista heredado de la dictadura.

Creo que es enormemente importante que las izquierdas eviten cualquier expresión que pueda utilizarse (independientemente de la voluntad del autor) para dividir a las clases trabajadoras y populares de las distintas nacionalidades y regiones de España. Estas clases trabajadoras tienen una historia común, y nunca hay que olvidar aquella bella expresión de las clases populares catalanas (bien articulada por el Presidente Companys) “Madrileños, Cataluña os ama” cuando el heroico pueblo madrileño estaba siendo asediado por el fascismo –el enemigo de las clases populares de todas las nacionalidades y regiones de España-.

La mal llamada Guerra Civil fue, en realidad, como el Embajador de EEUU dijo en aquel momento, un golpe del Ejército en contra de su pueblo, un Ejército que tuvo la osadía de autodefinirse como Nacional, cuando, en realidad, no habría podido vencer la resistencia de las clases populares si no hubiera tenido el apoyo de tropas extranjeras, 177.000, y el equipamiento militar proveído por Hitler y Mussolini. Tal golpe justificó su golpe militar para salvar a España del “comunismo, masonismo y separatismo”, definiendo como comunistas a todos aquellos que se opusieron a aquella dictadura de clase, masones a todos aquellos que no fueran cristianos y separatistas a todos aquellos que defendieron su propia identidad. Impusieron un nacionalismo españolista, uniforme, centralista y enormemente opresor a las distintas nacionalidades existentes en España, llegando incluso a prohibir, entre otros, la cultura catalana. Y lo sé por experiencia propia. Hay que entender lo enormemente humillante y represivo que es que a las clases populares de una parte de España se les robe su identidad. Durante muchos años, la burguesía catalana (que apoyó el golpe fascista) prohibió al personal de servicio hablar en catalán, forzándoles a hablar en castellano. Las clases dominantes en Cataluña hablaban en castellano, considerando el catalán un lenguaje vulgar, que sólo lo hablaba el pueblo poco educado. De ahí el profundo sentido identitario en Cataluña que no es, como se lee maliciosamente en sectores nacionalistas españolistas, un sentimiento de las élites catalanas. Todo lo contrario, estas élites de la derecha catalana intentaron más tarde instrumentalizar este sentimiento (con el apoyo y tolerancia de la dictadura) eliminando e intentando barrer la versión popular y más arraigada en las clases populares, el catalanismo de izquierdas, que es el que luchó en contra de la dictadura, identificando la lucha por la libertad democrática y por la justicia social, con la lucha para recuperar la identidad catalana. Fue así como surgió la llamada “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”, que se repitió a lo largo de España con el apoyo solidario de las luchas obreras en todas partes de España. Es esta memoria que nos une la que debemos recuperar.

Un componente muy importante de la población catalana fue la clase trabajadora procedente del sur de España, a la cual la derecha catalana definía como los “charnegos”. Yo, por voluntad propia, fui médico en el barrio de los “charnegos”, el Somorrostro, siendo conocido como el médico de los charnegos, mote que, aunque intentaba ser un insulto, siempre lo consideré como motivo de orgullo. En aquel barrio la resistencia antifascista existía y no era débil. Y un día, en una redada policial, nos detuvieron a varios. Cuando la policía (los grises) nos pidió nuestros nombres, ocurrió algo que me impresionó enormemente. Conocí yo en aquel barrio a un excelente compañero de Murcia, Pepe García, albañil que vivía cerca del despacho médico y con el cual había establecido una amistad. Y cual fue mi sorpresa cuando la policía le preguntó a Pepe su nombre, él respondió “Josep García”. En un momento clave de su vida, donde se la jugaba (la represión contra los trabajadores inmigrantes era brutal), se identificó como catalán, identificando claramente que la lucha de clases y la lucha para recuperar la identidad catalana era la misma. Pepe no dejaba de ser español cuando se identificó como Josep. Pero quería defender un pueblo al cual también consideraba oprimido, y con el cual se identificó. Le costó un abuso verbal y físico. Pero ¡qué gran luchador por la libertad! Esta es gran parte de la clase trabajadora en Cataluña. De ahí que me entristeció cuando un amigo socialista que ha vivido la mayoría de su vida política en Madrid, me dijo que, según él, “Montilla y Manuela de Madre se habían contaminado de pujolismo”. Y también me entristeció leer el comentario de otro amigo socialista no catalán que dijo que Cataluña no estaba preparada para elegir a un “charnego” como Presidente. Tales comentarios me preocuparon porque no entendían Cataluña, y por lo tanto no entendían España. El pujolismo fue el intento de captura del sentimiento popular por parte de la burguesía, la Iglesia y otros sectores que en su día apoyaron el golpe fascista (uno de los mayores defensores del golpe militar fue el Abad Escarré, de Montserrat que, incluso hoy, en la entrada, tiene un enorme monumento al fascismo) y que, bajo la tolerancia del franquismo, pudieron desarrollar la versión conservadora del catalanismo.

Como bien dijo Gramsci, quien controla los símbolos de la nación controla el país. Y esto es lo que significó el catalanismo fundamentalista y esencialista burgués (que tiene sus raíces no sólo en la Lliga sino también en los Jacint Verdaguer, Joan Maragall y muchos otros) que redefinieron el catalanismo, reprimiendo el catalanismo popular de izquierdas a fin de erradicar este sentimiento en las clases populares. Se dan cuenta de que este catalanismo no complementa, sino que entra en conflicto con su catalanismo.

Muchas cosas han cambiado. Pero los herederos del franquismo se resisten a la pluralidad de España. Y al no haber podido parar el Estatut, lo intentan parar en el Tribunal Constitucional. Creerse que este Tribunal está ahí para analizar la constitucionalidad de una Ley es ignorar el contexto político que dio lugar al marco constitucional en el que vivimos. Fue un error definir la transición como modélica. Esta imagen tan idealizada de que los españoles nos dimos esta constitución, resultado de la reconciliación, ignora que se hizo en un contexto en que las derechas controlaban el Estado, y que las Fuerzas Armadas, capitaneadas por el Monarca, tenían un enorme poder (el Rey, en plena época llamada democrática, alabó la labor del Ejército en salvar la unidad de España), y las izquierdas recién salidas de la clandestinidad, tenían poco. El que tenían venía de las movilizaciones populares, el auténtico motor del cambio en nuestro país. Las derechas, sin embargo, continúan siendo todavía enormemente poderosas, y este poder queda reflejado en el marco institucional.

Termino, pues, acentuando que el conflicto no es entre Cataluña y España, como los nacionalistas de ambos bandos están diciendo. Es entre las fuerzas democráticas (el Estatuto fue aprobado por la mayoría del Parlamento español) y las no democráticas que quieren reproducir la uniformidad de España, utilizando el Tribunal Constitucional que domina o intenta dominar.

Por otra parte es enormemente frustrante ver a sectores de la izquierda en España que no aceptan claramente que España es una realidad plural. Cataluña no puede perder su identidad nacional como la ha perdido la Cataluña francesa, parte de un estado jacobino. Si ustedes van a la Cataluña francesa verán que no saben hablar en catalán. Este idioma ha desaparecido. De ahí la necesidad de que no sólo el castellano sino también el catalán sean obligatorios para así conseguir una cultura bilingüe, tal como existe en Cataluña. El Gobierno catalán no dificulta al castellano., Está promocionando el catalán que todavía es el lenguaje minoritario en Cataluña. ¿Cómo puede un socialista negarle a su pueblo su cultura e identidad? Francamente, no entiendo a compañeros socialistas que cuestionan que el catalán sea obligatorio en las escuelas en Cataluña. Por cierto, deberían saber que los alumnos de las escuelas públicas catalanas tienen mejor comprensión de lectura castellana que el promedio de España. ¿Dónde está el problema? ¿Y dónde está el problema del Estatuto? El Estatuto se está ya aplicando durante estos tres años. ¿Y qué ha ocurrido? ¿Se está dividiendo España? Claro que no. Lo que están creando tensiones innecesarias son las derechas herederas del franquismo que quieren imponer su visión centralista del país. Y a eso las izquierdas no pueden añadir su voz.

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