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Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 8 de noviembre de 2010

Este artículo analiza las reformas del estado del bienestar en Cataluña realizadas por el gobierno tripartito de izquierdas comparándolas con las realizadas por CiU en un periodo de tiempo comparable. El artículo critica a los medios de mayor difusión en Cataluña (incluyendo la televisión y radios públicas catalanas) por centrarse en temas identitarios en lugar de temas sociales, ignorando, cuando no ocultando, las reformas sustanciales hechas por el gobierno tripartito.

En Catalunya y en España hemos estado viendo durante estos meses una campaña mediática en contra del tripartito (PSC, ERC, ICV- EUiA) que gobierna la Generalitat de Catalunya. Los medios de mayor difusión en Catalunya (incluyendo paradójicamente la televisión y radio públicas catalanas, TV3 y Catalunya Ràdio) han estado generando un clima de rechazo al tripartito detrás del cual están los poderes fácticos de siempre, desde la patronal al capital financiero, a la Iglesia y sus asociaciones, y un largo etcétera. Para aquellos que consideren esta observación exagerada, les aconsejo que hagan una revisión de artículos publicados en los cuatro mayores rotativos que se distribuyen en Catalunya y verán que en el último mes han aparecido 42 artículos negativos sobre el tripartito. En cambio, sólo 6 a favor, y ello no se debe a que no existan, sino a que no se han publicado. La diversidad ideológica en los medios catalanes (y en los del resto de España) es muy limitada. Ni que decir tiene que esta campaña está encaminada a desacreditar lo que el tripartito ha hecho, presentándolo como una jaula de grillos, que ha significado una época perdida para Catalunya, tal como lo definió el Sr. Durán i Lleida. El objetivo de esta campaña ha sido desacreditar a las izquierdas y destruir las posibilidades de que las izquierdas puedan gobernar de nuevo en Catalunya, exiliándolas del poder durante muchos años.
Tal campaña parece haber impactado sobre algunos sectores de las izquierdas, que han tomado una postura defensiva que se ha utilizado maliciosamente por las derechas como el reconocimiento del fracaso del tripartito. Nada menos que el Presidente del Gobierno catalán, y dirigente del PSC, el Sr. Montilla, ha indicado que aunque consiguieran sumar la mayoría, el PSC no se aliaría con ERC e IC-EUiA para reconstruir el tripartito. Ni que decir tiene que tal declaración ha sido aplaudida por las derechas y, paradójicamente, por el gobierno Zapatero y grandes sectores del socialismo español. La causa de la alegría, sin embargo, varía. Para las derechas esta renuncia significa el fin de las políticas de izquierda en Catalunya, pues no hay otra suma que pueda construir una alianza de partidos de izquierda en el gobierno de Catalunya que la que ha existido durante el periodo 2003-2010. Sin tripartito no se pueden hacer políticas de izquierdas en el gobierno de la Generalitat.
La alegría que las declaraciones del Presidente Montilla, renunciando a reproducir el tripartito, ha producido en el gobierno Zapatero, responde, sin embargo, a otras consideraciones, aún cuando hay un elemento de tal alegría que coincide con la alegría de las derechas. Los equipos económicos de los gobiernos PSOE (de sensibilidad liberal en su mayoría) se encuentran más cómodos y tienen mayores afinidades políticas con CiU que con el tripartito. De ahí su deseo de sustituir el tripartito por la socio-convergencia, es decir, la alianza del PSC con CiU.
Pero otro motivo de satisfacción de grandes sectores del socialismo español hacia las declaraciones del Presidente Montilla es consecuencia del temor de ver a ERC –el partido que pide la independencia de Catalunya- en el gobierno catalán, pues les preocupa que el independentismo catalán (además de crear grandes tensiones con el resto de España) vaya resquebrajando la unidad de España. Entiendo, pero no comparto esta preocupación. Creo que no hace falta aclarar que mi biografía es muestra de que mi profundo compromiso con el bienestar de las clases populares catalanas va acompañado con un idéntico compromiso de mejorar la calidad de vida de las clases populares de toda España. Pero lo que debieran entender mis amigos socialistas españoles, es que es mucho mejor para las clases populares de Catalunya y también, por cierto, para las clases populares de España, aliarse con un partido minoritario independentista de izquierdas, por ser de izquierdas, que aliarse con una coalición nacionalista, CiU, (hegemonizada por CDC, que ha ido mostrando crecientemente lo que siempre fue: un partido con claras tendencias independentistas) mayoritaria de derechas. Los que se inquietan sobre los nacionalismos debieran recuperar el entendimiento de que el eje principal de debate político en Catalunya y en España (aún cuando no se presente como tal) es el de izquierdas versus derechas, y CiU es claramente de derechas. En España y en Catalunya los nacionalismos, tanto los centrales jacobinos, como los periféricos, siempre se utilizan para ocultar los conflictos de clase que se expresan en el mundo político. Mis amigos del PSOE nunca deberían olvidarse de ello, pues, para el bienestar de las clases populares, la variable determinante es quien gobierna: las derechas o las izquierdas. Y lo que ha ocurrido en Catalunya muestra lo acertado de este diagnóstico. Las izquierdas han hecho mucho más que las derechas para el bienestar y calidad de vida de las clases populares de Catalunya. Y los datos así lo demuestran.

¿Qué ha hecho el tripartito?
El gasto público social (que cubre las transferencias y servicios públicos como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales y otros) por habitante (en euros estandarizados que permitan comparar la capacidad adquisitiva del euro en periodos distintos), subió mucho más rápidamente durante el periodo de gobierno tripartito (26.2% por año) que en el periodo de gobierno CiU equivalente a los ocho años de tripartito (17.7%). Un tanto semejante ocurre en los otros componentes del estado del bienestar.
En sanidad, el crecimiento del gasto público sanitario por habitante subió un 46% durante el periodo CiU (1996-2003), incrementándose a un 54.7% en el periodo equivalente 2003-2010 (gobierno tripartito). Como consecuencia, el número de profesionales sanitarios (médicos y enfermeras) creció significativamente, disminuyendo el número de pacientes por profesional. Resultado de ello es que aumentó el tiempo de visita al médico general. Estos y otros cambios explican que el grado de satisfacción del usuario con el sistema nacional de salud fuera mayor al final del periodo tripartito que al final del gobierno CiU. Este aumento del gasto sanitario se benefició de las medidas racionalizadoras del gasto, que liberaron fondos para dedicarlos a la atención sanitaria. Catalunya ha sido la CCAA que ha disminuido más el capítulo de farmacia, permitiendo un ahorro considerable. Durante estos años se han hecho mayores reformas sanitarias que durante el mismo periodo de CiU. La actividad legislativa en el área sanitaria ha sido muy marcada, resultado de la clara vocación reformadora del gobierno tripartito.
Un tanto semejante ha ocurrido en educación. El gasto público educativo por habitante, que había crecido un 7.7% por año en el último periodo de CiU, subió a 12.8% en el periodo tripartito. Una consecuencia de ello es que el número de horas lectivas en la escuela pública ha ido convergiendo con el número de horas lectivas en la privada concertada. La Ley de Educación ha significado una reforma sustancial, aún cuando ha sido excesivamente condescendiente con la escuela concertada.
Lo mismo ha ocurrido en los servicios sociales y en transferencias a las familias. El gasto en servicios a las familias con dependencias pasó de incrementarse 3.9% por año y por habitante en el periodo CiU, a 8.2% en el periodo tripartito. Lo mismo ocurrió en las transferencias monetarias y servicios a los ancianos, que pasó de aumentar 4.1% por año y por habitante en el periodo CiU, a 6.5% en el periodo tripartito. Una situación similar ocurrió en la vivienda, donde el gasto público descendió un 6% por año y por habitante en el periodo CiU, aumentando un 15% en el periodo tripartito.
Este enorme crecimiento de la inversión social (responsable de que disminuyera el enorme déficit social de Catalunya medido por la cantidad de euros per cápita en gasto público social entre Catalunya y el promedio de la UE-15), fue acompañado de un enorme crecimiento en inversión en infraestructuras físicas, quintuplicando estas inversiones durante el periodo 2003-2010.
Mírese como se mire, pues, los datos muestran que para la Catalunya Social y para la Catalunya de infraestructuras físicas, el gobierno tripartito ha sido mucho mejor para las clases populares de Catalunya que los gobiernos de la derecha CiU, que fueron, en parte, responsables del enorme retraso del estado del bienestar en Catalunya.
Ni que decir tiene que el tripartito también ha cometido errores, siendo el mayor el de perpetuar al personal de los medios públicos de comunicación (TV3, C33 y Catalunya Ràdio) que, con notables excepciones, han ido promoviendo una visión nacionalista conservadora carente de sensibilidad social. El intento de la Generalitat de crear una BBC catalana, independiente, fue un fracaso, pues tales medios continuaron lo que se ha definido como la “costra nacionalista”, (a la cual habría que añadir la “costra neoliberal”), creando su propia audiencia. El desfase entre la dirección de tales medios (de nacionalismo conservador) y la opinión popular ha sido muy marcada. Ésta, según muestran las encuestas, se sitúa claramente en el centro-izquierda y en las izquierdas, mientras que los medios públicos estaban claramente en el lado nacionalista conservador (con notables excepciones). Son los únicos medios autonómicos existentes en España muy influenciados por la oposición. De ahí el silencio sobre estas reformas.
Por lo demás, se requiere un cierto sentido del humor, que la derecha catalana se presente como la favorecedora de cambios progresistas, pues sus dirigentes son todos ellos los mismos que gobernaron Catalunya durante el periodo responsable del enorme retraso social de Catalunya.

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