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Publicado por la Revista Sistema Digital, 16 enero 2009

Cuando llegué a EE.UU. en el año 1965, una de las facetas de aquel país que me causó una impresión más desagradable fue la tensión claramente visible entre las razas blanca y negra. Tal tensión la puede ver cuando un día no me dejaron entrar en un restaurante de la ciudad de Baltimore (donde está ubicada la universidad The Johns Hopkins University donde impartía docencia) por ir acompañado por mi secretaria, que era afro americana. La indignación que me causó tal experiencia me motivo a militar en el mayor movimiento de derechos civiles en EE.UU., el Rainbow Coalition, liderado por Jesse Jackson senior, al cual asesoré por muchos años, incluyendo en su campaña para la presidencia de EE.UU. en las primarias del Partido Demócrata de 1984 y 1988. De ahí que la elección de un afro americano como Presidente es motivo de una enorme alegría compartida por millones de personas en EE.UU. y en el mundo. Es una gran victoria para todas las fuerzas progresistas. A esta alegría se añade el alivio de que la elección del candidato Obama termina con la administración Bush, una de las más nefastas de las muchas que han existido en la historia de aquel país. Esperemos que la administración Obama mejore lo que Bush dejó.

Habiendo hecho esta introducción, me veo en la necesidad de expresar mi profunda preocupación y alarma de lo que estoy viendo en España, donde se ha idealizado, incluso en amplios sectores de las izquierdas, tanto el proceso electoral que ha hecho posible la elección de Obama, como la figura de Obama, exagerando el potencial que la nueva administración tiene para generar el cambio que tales sectores desean. Soy consciente de que tales sectores no ven a Obama como una persona de izquierdas (aunque algunos autores de centro izquierda así lo hayan definido) pero insisten en que puede convertirse en una fuerza progresista a nivel internacional. Y ahí están en un error. Desconocen la realidad de EE.UU. como lo demuestra cuando presentan al proceso electoral estadounidense como modélico, ignorando que la privatización del proceso electoral imposibilita la aparición de candidatos de izquierda. No se dan cuenta de las fuerzas económicas y políticas que configuran la política tanto doméstica como exterior de EE.UU.

Entre ellas están las que el Presidente Eisenhower definió como el complejo militar industrial que tiene un enorme poder en configurar la política exterior de EE.UU. y que Obama se ha comprometido en mantener e incluso reforzar. Tal complejo está en el centro del desarrollo industrial del país. EE.UU. se gasta un billón de dólares en lo que se llama Defensa, representando el 48% de todo el gasto militar mundial, con 770 bases militares en 130 países. EE.UU. se gasta en armas ocho veces más que en educación, 4,5 veces más que en pensiones, catorce veces más que en vivienda, treinta y dos veces más que en formación profesional, y así un largo etcétera. Es un gigante militar con unas raíces sociales de barro. El gasto militar representa más de la mitad del gasto federal en los gastos que no son fijos (non discretionary funds) como lo es la Seguridad Social. Una de las voces más críticas del enorme coste social que implica el gasto militar fue Martin Luther King, quien indicó que “las prioridades nacionales son perversas, pues la preparación para la guerra con fines imperialistas (término que utiliza Martin Luther King) se hace a costa del enorme sacrificio de las clases populares y humildes de nuestro país”. No se capta en España que una de las primeras víctimas de aquel sistema de prioridades es el propio pueblo estadounidense, prioridades que no concuerdan con las prioridades expresadas por la gran mayoría de la población. Según las encuestas más recientes, sólo el 23% de la población está de acuerdo con la expansión del gasto militar en EE.UU., un porcentaje que contrasta con un 79% que favorece la expansión del gasto público sanitario, un 69% que favorece la expansión del gasto educativo público, y un 69% que favorece la expansión del gasto público en pensiones. En EE.UU., lo que decide el gobierno federal no suele coincidir con lo que la población desea, lo que explica la gran alienación política de las clases populares hacia la clase política percibida como cautivada por los grandes grupos financieros y empresariales (incluyendo los pertenecientes al complejo militar-industrial) que financian sus campañas. El apoyo de tal clase política al capital financiero es la última muestra de este maridaje. Goldman Sachs, uno de los grupos financieros que recibieron más ayuda del gobierno federal (ayuda liderada por el Ministro de Hacienda, Sr. Paulson, que había sido director de tal grupo financiero antes de incorporarse a la administración Bush) dio 824.252 dólares a la candidatura de Obama. Con este sistema de financiación electoral es imposible que una voz crítica de tal establishment financiero y empresarial pueda ser Presidente de EE.UU. Y me refiero a una voz coherente y dispuesta a enfrentarse a tales intereses, a diferencia del discurso retórico, realizado durante las campañas electorales en los que frecuentemente se hacen referencias críticas a tal establishment, pero que desaparecen rápidamente al día siguiente de las elecciones. Hemos podido ver como el Presidente electo Obama ha escogido un equipo en política exterior caracterizado por su claro compromiso en defender y expandir las políticas exteriores a favor de aquellos intereses financieros empresariales, presentando tales intereses como intereses “nacionales”, transformando intereses particulares en intereses nacionales. En apoyo a tal proyecto, existen los medios de información y persuasión que trabajan 48 horas al día en promover aquella visión de que los intereses económicos de aquellos establishments son los intereses nacionales de la población, proyecto que no es tan exitoso como desearan, pues las encuestas muestran como la mayoría de las clases populares no siempre comulgan con las “verdades” del establishment. Su propia experiencia cotidiana les facilita información que contrasta con la que les llega desde arriba. Por cierto, según las últimas encuestas, la mayoría de la población estadounidense está en desacuerdo con el apoyo incondicional del gobierno federal a Israel, y señalan que tal gobierno debiera haber presionado para interrumpir la invasión a Gaza.

“¿Un equipo de política exterior pragmático?”

Las personas clave del equipo de política exterior son el Vicepresidente Joe Biden (que fue el Senador Demócrata que, como Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, apoyó más activamente la invasión y ocupación de Irak); la Ministra de Asuntos Exteriores (Hilary Clinton), que se caracterizó en el Senado por su dureza en apoyo de la utilización de la fuerza militar como instrumento de política exterior, pidiendo incluso la “aniquilación nuclear” de Irán, en caso de que este país atacara Israel, el país del cual es profundamente leal, no conociéndose ninguna crítica de ella hacia tal Estado; el asesor principal en Seguridad Nacional al Presidente, el general James C. Jones, antiguo jefe de la NATO y promotor de la disgregación de la antigua Yugoslavia; Ministro de Defensa, el Sr. Robert Gates, que fue Ministro de Defensa con el Presidente Bush junior; el embajador de EE.UU. en las Naciones Unidas, la Sra. Susan Rice, que fue una de las voces dentro del partido Demócrata que apoyó más el mito de que Hassan Hussein poseía armas de destrucción masiva; y el Jefe del Gabinete del Presidente, el Sr. Rahm Emanuel, el congresista que recibió más fondos de Wall Street y un fundamentalista pro Israel que incluso luchó en bases voluntarias en la guerra de Israel contra Líbano. Esperar que este equipo siga unas políticas distintas a las que históricamente ha realizado EE.UU. es esperar que un naranjo produzca peras. Es lógico que los medios de información del establishment hayan alabado los nombramientos de Obama que han sido aplaudidos en términos muy positivos incluso por figuras de la derecha estadounidense como Henry Kissinger, Karl Rove (asesor de Bush) y otras figuras del aparato internacional del Partido Republicano.

Es importante señalar que, como dijo el candidato Obama en su día, “la elección de un candidato afro americano, cuya abuela paterna vive en un pueblo africano, al lado del lago Victoria, y cuya hermana es mitad estadounidense, mitad indonesia, casada con un canadiense de origen chino, dará la sensación de que tal candidato tendrá una visión internacional distinta de lo que han tenido otros Presidentes”. Esta percepción de internacionalización en la nota biográfica del candidato jugó un papel muy importante en su candidatura y así lo han visto los centros y fundaciones que configuran la política internacional de país, y que consideran que tal elección presenta una oportunidad única de cambiar la imagen tan negativa que tiene EE.UU. hoy en el mundo. Como dijo Blake Hounshell, director de la versión digital de la revista del establishment estadounidense Foreign Policy, “tenemos que construir una figura internacional, un icono, que contrarreste la imagen que hoy tiene Che Guevara en el mundo, y Obama puede ser este icono”. Ha sido también Scout Kronick, director de una de las empresas publicitarias más importantes de EE.UU., quien ha subrayado que la elección de Obama “ha enviado un enorme mensaje a todo el mundo de que, en contra de lo que se dice, EE.UU. es un modelo de democracia, digno para ofrecer el liderazgo progresista hoy en el mundo”. Otros, algo más cínicos, definen el cambio de una manera más funcional. Así, David J. Rothkopf, asesor al Presidente Clinton y hoy director de la compañía de asesoría internacional establecida por Henry Kissinger, indica que el valor de Obama es que, como buen tocador de violín “apoyará el violín con la mano izquierda que le permita sostener el instrumento, pero utilizando la mano derecha para tocarlo y producir el resultado”. El problema será cuando las bases de izquierdas dejen de apoyar el violín, hecho que atemoriza enormemente a tal establishment, el cual es consciente de que hoy hay que cambiar la imagen de EE.UU. enormemente deteriorada por las políticas de Bush. Y Obama representa tal esperanza.

Una última observación. Es casi imposible hoy publicar artículos críticos de Obama en la prensa española, la cual reproduce miméticamente lo que dice el New York Times o la CNN. De ahí que tengo que pedir al lector que, en caso de que consideren este artículo de interés, lo distribuya lo más ampliamente posible. Es urgente y necesario que la población española tenga una visión más acertada de aquella realidad de la que proveen los medios de persuasión y desinformación que tenemos.

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