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El profesor Navarro responde en esta nota a los últimos insultos personales y manipulaciones de los datos realizados por Sala y Martin. 10 de abril de 2013.

En un reciente artículo (cuyo original en catalán se publicó en la revista societat.cat y su versión en castellano en Público) hacía una crítica al programa titulado Lecciones de Economía de la televisión pública catalana, TV3, por su falta de pluralidad en la presentación del conocimiento económico, pues tal programa se centraba única y exclusivamente en las opiniones del economista Sala i Martín (SiM), bien conocido por su sensibilidad neoliberal. Pedía yo a los directores de tal programa que, o bien cambiaran el título del mismo, llamándole “Lecciones de ultraliberalismo” (pues hay muchas más sensibilidades en el mundo académico económico que la ultraliberal) o bien que diversificaran su oferta invitando a economistas de otras sensibilidades junto a la de tal economista.

Mi crítica era al programa. Señalaba como los postulados del neoliberalismo aparecían en las tesis y propuestas del economista que monopolizaba el programa, publicando a la vez evidencia que cuestionaba cada uno de los postulados que aparecían en las tesis y propuestas de tal economista (mostraba, por ejemplo, cómo el déficit del Estado federal de EEUU había disminuido y no aumentado durante la Administración Obama, como SiM había indicado). La carta no estaba dirigida a él sino a la dirección del programa. Sabía, sin embargo, y así lo indiqué en mi artículo, que tal señor respondería, no rebatiendo mis críticas, sino insultando. Y así fue. SiM es extraordinariamente predecible en sus respuestas. En este caso, incluso se excedió, y sin contestar o debatir ninguna de mis críticas y evidencia, él y sus seguidores pasaron directamente a insultarme a mí y nada menos a mis padres intentando negar que fueran expulsados del magisterio (como he escrito en otra ocasión), o que yo hubiera luchado contra la dictadura, aspectos irrelevantes, por cierto, a los temas bajo discusión. Tal estrategia respondía al intento de, al no poder desacreditar los argumentos, intentar desesperadamente desacreditar al autor y a su credibilidad, alcanzando comportamientos de una mezquindad extrema. En ningún otro país en que he vivido en mi largo exilio (al cual me referiré más adelante) he encontrado un comportamiento tan rastrero como el de las derechas españolas y catalanas.

Debido a las enormes cajas de resonancia que tiene tal personaje, siento la necesidad de aclarar varios puntos. SiM señala que no contesta a mis críticas porque le insulto. Veamos quién insulta a quién. En el primer artículo que se refirió a mí respondiendo a la crítica de los datos que presentaba en La Vanguardia alabando al presidente Reagan, me llamó “Chupacabras” que, según escribió, es una “bestia extraterrestre que se alimenta de la sangre y las entrañas de las cabras” (ver “La leyenda del Chupacabras”, La Vanguardia. 12.07.04) (adjunto mi respuesta a su artículo insultante, mostrando los datos que cuestionan su alabanza al presidente Reagan sin que aparezca de mi parte ningún insulto). Supongo que SiM, acostumbrado a no ver la realidad como es, no ve ningún insulto en llamarme “chupacabras”. A partir de entonces, SiM raramente utiliza mi nombre, Vicenç Navarro, sustituyéndole por este insulto, alternándolo con sarcasmos como Don Vicente u otras ironías insultantes, de las cuales él es plenamente consciente. Incluso en su última intervención, SiM escribe “El chupacabras parece que tiene ganas de salir en la tele y no sabe cómo hacerlo”. Este es el nivel intelectual de su discurso.

Una situación idéntica aparece en su escrito cuando, de nuevo sin contestar a ninguna de las críticas que hago en mi artículo, intenta desacreditarme alentando a sus seguidores en su facebook a que miren en mi biografía algo que pueda dañarme. Y al final cree que lo ha encontrado. En la transcripción de su Facebook pone su conclusión (escrita en letras mayúsculas): Navarro fue becado por Franco. Y señalaba que ello mostraba que no era cierto que mis padres habían sido represaliados por la dictadura, o que yo había luchado contra la dictadura. La evidencia que había encontrado y que suponía avalaba su tesis, era que yo había recibido una beca que se daba en la Universidad a los hijos de maestros (que él define como “Beca de Franco”). Ya había conseguido –creía él- lo que intentaba, que fuera yo (no mis argumentos críticos de su postura) el que fuera sujeto de sospecha y crítica, y no sus argumentos neoliberales carentes de credibilidad.

El que quiera saber de mi biografía, he hecho algunas referencias a ella en mis escritos. Mis padres, que eran directores de la escuela pública de Gironella, una localidad del Berguedà al pie de los Pirineos, donde nací, fueron expulsados del magisterio cuando las tropas fascistas ocuparon Catalunya, realidad que he descrito para señalar y denunciar la represión que sufrieron los maestros. A mi madre le permitieron más tarde volver al Magisterio, con lo cual tuve la oportunidad de recibir una beca que se daba a los hijos de maestros. En cuanto a mi participación en la lucha contra la dictadura, es bien conocida. Está incluso escrita, y no por mí, en las hojas de las gacetas del SUT, el Servicio Universitario del Trabajo –parte del sindicato fascista SEU- infiltrado por la resistencia antifascista y que más tarde fue prohibido, pues intentaba poner en contacto el mundo estudiantil universitario con la clase trabajadora de este país. Mi responsabilidad en el SUT, organización en la que el PSUC y lo que se llamaba el FLP (más tarde FOC) participaron activamente es también conocida, pues muchos dirigentes políticos de hoy en Catalunya desde Pasqual Maragall, de sensibilidad socialista, a Pep Termes, de sensibilidad comunista, entre muchos otros, participaron en ello. He escrito también sobre esta poco conocida historia de la resistencia antifascista. Y mi colaboración desde el exilio con el Partido Comunista, de la cual también estoy orgulloso, es también conocida y reconocida incluso en uno de los libros de Santiago Carrillo.

En cuanto a su acusación de que le insulto, me remito al texto en donde –según él- le insulto. Indica SiM que “le acuso de trabajar para el régimen de Pinochet”. En mi artículo, sin embargo, yo no hago tal acusación. Lo que escribo es diferente. Escribí “Sala i Martín propone la privatización total de la Seguridad Social, tal como hizo el General Pinochet”. En ninguna parte indico que trabajó para Pinochet. Sala i Martín (SiM) tergiversó lo que yo dije para llegar a su conclusión, cosa que hace constantemente, como indicó ya en su día Branko Milanovic, el experto más conocido en la evolución de las desigualdades sociales (The Ricardian Vice: Why Sala-i-Martin’s Calculations of World Income Inequality are Wrong, 2002). Tal autor ha subrayado que SiM alcanza niveles sin precedente en la manipulación de sus datos (Ver también mi artículo en Temas).

En cuanto a su observación de que mis críticas a él (que es, con mucho, el economista con mayores cajas de resonancia en Catalunya) responden a mis deseos de protagonismo en la televisión, SiM se equivoca también. Con alguna frecuencia los medios públicos que he criticado, incluso TV3 o Catalunya Ràdio, me han invitado a ser entrevistado, pero no siempre he aceptado, pues siempre he puesto como condición para aprobar tal invitación que inviten, no sólo a mí, sino a muchos otros autores de izquierda que son muy capaces y que nunca salen en tales medios. Mi preocupación no es personal, sino política. Por otra parte sí que he aceptado ser entrevistado en tales medios si el programa en el que se me invita, invita también sistemáticamente a personas de izquierda.

La otra observación es cuando sostiene en su ataque personal que yo no había sido nunca exiliado. Exiliado es toda persona que vive en un país distinto al suyo por causas políticas bien obligatoriamente o voluntariamente. A la muerte de Franco intenté volver a mi país, sin conseguirlo. Y cada vez que lo intentaba, el rechazo a las instituciones académicas en las que intenté integrarme fue por causas políticas. He escrito sobre ello y escribiré todavía más cuando tenga el permiso de las personas involucradas.

Y una última nota a los lectores. La democracia española incluyendo la catalana, es sumamente limitada y de muy baja calidad. Y uno de los indicadores de ello es la sustitución del debate por el intercambio de insultos. Desde Losantos a SiM, el insulto es la norma entre la ultraderecha catalana y española. Cuando SiM y los medios que lo promueven niegan la posibilidad de debate, al insultar a sus adversarios, están contribuyendo a deteriorar la democracia. Y ello debería originar una protesta masiva. Soy consciente que muchos economistas no se atreven a mostrar los grandes puntos flacos del argumentario de SiM, ni a responder a sus insultos que aparecen en público porque saben que no podrán responderle y rebatirle debido a la inmunidad que tales medios le ofrecen. De ahí la necesidad de una protesta. Las izquierdas tenemos muy pocos fórums donde responder, no sólo a sus argumentos, sino también a sus insultos. Consecuencia de ello es necesario denunciar tales comportamientos, que están deteriorando todavía más la ya escasa y limitada democracia que tenemos.

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