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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 18 de julio de 2013

Este artículo muestra el ataque frontal que el capital financiero (en alianza con la gran patronal) está desarrollando en contra del modelo social europeo a través del debilitamiento de los instrumentos de defensa de las clases populares, tales como los sindicatos y los convenios colectivos, así como las instituciones democráticas.

Europa, con todas sus limitaciones, era el punto de referencia internacional para aquellas fuerzas progresistas que aspiraban a alcanzar un elevado nivel de bienestar social a través de la vía democrática. Esta identificación de Europa con Estado del Bienestar y democracia era su marca. En España y en otros países del sur de Europa, todos ellos sumergidos en dictaduras fascistas o fascistoides, Europa era el lugar de destino para las fuerzas antifascistas que luchaban para conseguir libertad, justicia social y bienestar. Europa era el sueño al que aspirábamos.

Pues bien, este sueño se ha convertido en una enorme pesadilla. Y la gran mayoría de la población española expresa ya, a través de las encuestas, que esta no es la Europa que deseaban y habían soñado. Hoy, pertenecer a Europa significa unos enormes sacrificios (el desmantelamiento del ya escasamente financiado Estado del Bienestar, la reducción de los salarios y de la protección social, y la enorme destrucción de empleo, pasando a ser España, junto con Grecia, los países con mayor desempleo, que alcanza cifras nunca vistas antes, de más del 50% entre los jóvenes).

Y todos estos sacrificios se están promoviendo precisamente por aquellos que son responsables de la enorme crisis financiera y económica que Europa y España han experimentado en su historia reciente. Y me estoy refiriendo a lo que solía llamarse la clase capitalista (hegemonizada por el capital financiero, basado en la especulación) y que ahora, utilizando una narrativa más americana (en realidad estadounidense) se llama el establishment financiero y gran patronal. Es una guerra de clases (class war) que están venciendo en bases diarias, a costa de un enorme sacrificio humano por parte de las clases populares y que aparece en toda variedad de indicadores (niveles de pobreza y exclusión social, número y tasa de suicidios, tasas de desnutrición infantil, estrés social –tanto individual como colectivo-, enfermedades mentales, deterioro de las tasas de nuevos casos de enfermedades cardiovasculares, infartos y ataques de corazón, y muchos otros) que están siendo documentados en una larga lista de trabajos científicos de gran credibilidad, y que están siendo publicados en varias revistas de prestigio internacional. Y estos deterioros están siendo incluso más acentuados en los países del sur, donde las políticas neoliberales han sido impuestas con mayor intensidad. Estas son las consecuencias del ataque más frontal que el “modelo social europeo” está experimentando.

Las condiciones para que el ataque sea exitoso

Este ataque ha requerido una serie de cambios que debilitaran a los instrumentos que tradicionalmente han defendido los intereses de las clases populares, que incluyen a los sindicatos, a los movimientos sociales y a los partidos de izquierda.

Así, el establishment neoliberal que controla la Unión Europea y su gobierno (el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y la Corte Suprema Europea, entre otros) ha ido imponiendo toda una serie de medidas con las que exitosamente ha conseguido estos objetivos. Veamos algunas de estas medidas:

1. El dictamen de la Corte Suprema Europea (EU Court of Justice) en los casos Laval, Rütter y Luxemburgo, que anuló y/o redujo considerablemente el derecho de huelga.

2. Las recomendaciones de la Troika que debilitan significativamente los convenios colectivos, tanto en el sector privado como en el público.

3. Las imposiciones, también de la Troika, como condición de los famosos rescates (que facilitan el pago de las deudas públicas a los bancos responsables de las crisis financieras) que conllevan el desmantelamiento de los servicios públicos, con gran destrucción de empleo en esos sectores.

4. Las imposiciones, también de la Troika, de reformas de los mercados laborales, que tienen como objetivo la creación de desempleo y la reducción de los salarios y de la protección social, con el fin de debilitar al mundo del trabajo.

5. La aprobación por parte del establishment neoliberal europeo (que gobierna la Eurozona) de toda una batería de tratados y acuerdos (el Pacto por el Euro Plus, también llamado “Competitiveness Pact” y el Pacto Fiscal) que tienen todos ellos como objetivo disminuir, a punto de anular, el poder de la población (y muy en particular de la población trabajadora) de oponerse al desmantelamiento del modelo social. Todos estos pactos han sido aprobados sin que se le ofreciera a la población la posibilidad de participar o debatir las medidas draconianas que tales pactos o tratados prevén en contra del Estado del Bienestar en sus países. En realidad, el ataque al modelo social requiere también la reducción, cuando no eliminación, de la democracia en esos países. La eliminación del modelo social requiere la dilución, casi eliminación, de la democracia en la Unión Europea. La única instancia democrática en el espacio europeo es el Parlamento Europeo, que ha jugado un papel marginal en el diseño y aprobación de esos tratados. Y, a nivel de cada Estado, dichas medidas –como ha sido el caso en España- han sido aprobadas por élites muy poco representativas de la mayoría del electorado, al cual se ha mantenido marginado.

La eliminación del modelo social ha requerido la destrucción de la democracia. Y ello ha ocurrido con la complicidad de los mayores medios de difusión y de otras instituciones generadoras de opinión y persuasión, que están al servicio de los poderes financieros y empresariales que los poseen o influencian. Hoy estamos así viendo la desaparición de la democracia y del Estado social.

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