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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 31 de julio de 2013

Este artículo señala que el modelo social de Europa está siendo atacado, presentándolo como inviable. Este ataque es el resultado de una alianza de clases que domina la vida política y económica de los países de la Eurozona frente a los derechos adquiridos por las clases populares, que se acentúa todavía más en los países periféricos de tal zona, como España.

Es imposible entender lo que ocurre en la Eurozona utilizando los mismos esquemas intelectuales que controlan el pensamiento dominante, tanto en las derechas como en amplios sectores de las izquierdas. Un ejemplo de ello es ver las políticas de austeridad (que consisten en el desmantelamiento de los servicios públicos –desde los canales públicos de radio y televisión a la sanidad y educación públicas, y a la reducción de las pensiones) como resultado de la imposición de Alemania a los demás países, y muy en particular, a los países periféricos de la Eurozona. Ver los países como unidades de acción, sin embargo, sin considerar las clases sociales dentro de ellos, es un profundo error, un error que constantemente se reproduce. Es lógico y previsible que los grupos económicos y financieros dominantes y los estamentos políticos y mediáticos que influencian (monopolizando los símbolos del país) quieran que la población así lo vea, es decir, que representan a la totalidad del país.

Sus intereses, sin embargo, entran en constante contradicción y oposición con los intereses de las clases populares. Un ejemplo palpable de ello es que las políticas de austeridad del gobierno alemán han afectado no sólo a las clases populares de los países periféricos de la Eurozona (España, Grecia, Portugal e Irlanda), sino también a las mismas clases populares alemanas, y muy en particular a su clase trabajadora. En realidad, la clase trabajadora alemana ha sido la que ha visto un menor crecimiento de sus salarios, habiendo perdido capacidad adquisitiva, con el consiguiente descenso de las rentas del trabajo a costa del aumento de las rentas de capital.

Y lo contrario es también claro de ver. Las políticas de austeridad que benefician a aquellos grupos financieros y empresariales dominantes alemanes, también benefician a las clases dominantes de estos países periféricos, incluyendo España. Hoy estamos viendo en España y en aquellos otros países (Grecia, Portugal e Irlanda) 1) una reducción muy marcada de los gastos públicos y, muy en particular, del gasto público social; 2) unos recortes enormes de empleo público; 3) una privatización de transferencias y servicios públicos, y 4) un ataque a los sindicatos y a los convenios colectivos, todas ellas políticas públicas que las fuerzas conservadoras de corte neoliberal siempre han deseado. Estas políticas se iniciaron en Alemania con la Agenda 2010 del canciller socialdemócrata Schröder, con reformas que significaron dramáticos recortes del Estado del Bienestar alemán. El escaso crecimiento de los salarios es un resultado de ello.

De nuevo, es previsible que la alianza de clases dominantes hoy existentes en la Eurozona niegue la existencia de dicha alianza, presentando las políticas de austeridad que están imponiendo a la población, sin ningún mandato popular, como necesarias para salir de la crisis, aunque la evidencia existente muestra precisamente lo contrario. Así, los recortes de los servicios públicos y de los salarios se presentan como condiciones para “aumentar la competitividad”. En realidad, si estuvieran interesados en “aumentar la competitividad”, los famosos “rescates”, en lugar de ser a la banca serían a la economía productiva, incluido el despliegue de las políticas de desarrollo industrial, o de aumento (en lugar de reducción) de los salarios como medidas para estimular una mayor inversión en infraestructura que aumentara la competitividad. Alcanza niveles de obscenidad que el Sr. Almunia, Comisario de Competitividad, favorezca el rescate a la banca y se oponga al rescate de los astilleros.

En realidad, toda la política de austeridad es una estrategia para, además de debilitar el mundo del trabajo, privatizar el modelo social, facilitando la expansión de los servicios y transferencias privados. El caso de Catalunya es casi de libro de texto. Los enormes recortes en sanidad pública están beneficiando a la sanidad privada, de la cual era máximo representante el que hoy es Conseller de Sanitat, gestor y promotor de esos recortes. El Grupo Godó –La Vanguardia- se está beneficiando de la privatización de la televisión y radio públicas de la Generalitat, con cuyo gobierno tiene una estrecha vinculación, incluso financiera. El gobierno Mas ha estado priorizando este grupo mediático en dicha relación. Y así un largo etcétera.

La necesidad de una respuesta en cada país y en toda Europa

Frente a la alianza de las clases dominantes se requiere una alianza de las clases dominadas (que son la mayoría de la población). Es positivo, en este sentido, la movilización de la Confederación Europea de Sindicatos, que está promoviendo políticas contrarias y opuestas a las políticas de austeridad, posturas a las cuales se han adherido los sindicatos alemanes.

La alianza de clases dominantes intenta por todos los medios que no se hable de clases y que, en su lugar, se hable de nación, estimulando, en ocasiones, un clasismo que intenta enfrentar las clases populares de un país con otras. Así, al trabajador alemán se le presenta una imagen –por parte de los mayores medios de información y persuasión alemanes- del griego “vago”, con más beneficios y protección social de los que él o ella tiene en Alemania (en realidad, el obrero griego trabaja más horas al año y tiene menor protección social que el alemán). Ahora, más que nunca, hace falta mostrar este tipo de nacionalismo por lo que es: el intento de utilizar banderas para intentar que poblaciones con intereses opuestos, dañadas las clases populares por tales políticas, les apoyen como “defensores de la nación”. Existe el nacionalismo burgués (distinto al nacionalismo popular) que lo utiliza para intentar movilizar a las clases populares a favor de sus intereses de clase. Así de claro.

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