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Artículo publicado por Vicenç Navarro, 19 de agosto de 2013, y en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 22 de agosto de 2013

Este artículo analiza la evolución de Paul Krugman, el economista keynesiano más influyente que hoy existe en EEUU.

Paul Krugman, uno de los economistas más conocidos dentro de la tradición keynesiana, acaba de escribir un artículo en su columna del New York Times (08.08.13), “Phony Fear Factor”, que considero de gran interés y que debería distribuirse ampliamente en España. Señala, con razón, que estamos viendo, durante estos meses, el declive y caída de dogmas económicos que han dominado el pensamiento económico hegemónico en los últimos años y que han sido responsables de la enorme crisis que estamos viviendo. Estos dogmas, según Krugman, incluyen la creencia de que “la política monetaria expansiva creará inflación”, de que “la reducción del déficit público creará ocupación” o de que “la deuda pública por encima del 90% del PIB creará un colapso”. Yo añadiría otros como que “el elevado desempleo es resultado de la rigidez del mercado de trabajo”, que “la reducción del gasto público estimulará el crecimiento económico”, que “los intereses de la deuda pública se deben al excesivo gasto público” o que “la reducción del déficit crea confianza en los mercados financieros” y muchos otros dogmas, sostenidos todavía hoy (a pesar de la enorme evidencia científica que muestra lo contrario) por los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos españoles.

Este artículo, que, como indiqué, merecería una amplia difusión, muestra, sin embargo, otro hecho de interés que ha pasado desapercibido. Y me refiero a la propia evolución de Paul Krugman. Este indica que la primera vez que leyó a Kalecki (el economista marxista polaco) le pareció que estaba errando en su interpretación del capitalismo. La gran contribución de Kalecki, una de las mentes más claras en economía, fue la de combinar Keynes con Marx. Para entender las crisis económicas, decía Kalecki, uno tiene que leer a Keynes, pero también a Marx. Y esto me parece obvio en el contexto de la crisis actual. El problema mayor de la economía hoy –tal como señalan los keynesianos- es la escasez de una demanda que estimule la economía, interpretación correcta de la causa de la Gran Recesión, casi Depresión, que estamos viviendo en la eurozona. Pero lo que Kalecki nos exigía era ir más allá y preguntarnos de dónde viene esta escasez de la demanda, y la evidencia muestra claramente que viene de la disminución de las rentas del trabajo, resultado de las políticas públicas llevadas a cabo durante el periodo neoliberal, iniciadas en la década de los años ochenta por el Presidente Reagan y la Sra. Thatcher y más tarde generalizadas a la mayoría de países capitalistas desarrollados. Esta disminución de las rentas del trabajo se impuso a la población (causando un gran daño al bienestar de las clases populares) para el gran beneficio del capital, como muestra el gran aumento de la participación en el PIB de las rentas del capital a costa de la reducción de la de las rentas del trabajo.

Pues bien, la evolución de la realidad económica ha hecho también evolucionar a Krugman, de manera que en el citado artículo termina indicando que Kalecki es el que mejor podría haber explicado la crisis actual, que representa el triunfo del capital a costa del mundo del trabajo. Es lo que solía llamarse lucha de clases, término desaparecido, cuando no vetado, en los mayores medios de comunicación. Y ello a pesar de que los datos que confirman que esta supuestamente desaparecida lucha de clases continúa viva (y es central para entender lo que nos está ocurriendo) son abrumadores. Nunca antes, en el periodo democrático en España, las rentas del capital habían sido mayores a las rentas del trabajo, con un gran aumento de las tasas de beneficios de las grandes empresas, a costa del descenso salarial. Y todo ello con la ayuda de la supuesta “ciencia económica”, financiada por los grandes bancos y las grandes corporaciones (un caso claro es el de Fedea) que continúan aferradas a creencias y dogmas que han perdido toda credibilidad.

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