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Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 2 de septiembre de 2013, y en la columna «Pensamiento Crítico» en el diario PÚBLICO, 13 de septiembre de 2013

Este artículo analiza el grave problema del paro juvenil en la Unión Europea, presentando propuestas de cómo resolverlo.

Durante este verano, 26 millones de personas de la Unión Europea (UE) han estado buscando trabajo. Están en paro. Y otros millones más se les añadirán ahora en septiembre cuando los jóvenes que han acabado sus estudios intenten incorporarse al mercado de trabajo, sin conseguirlo. Y millones, estando ya trabajando a tiempo parcial, están también buscando otro trabajo que les permita estar empleados a tiempo completo.

Según estimaciones de la Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión de la Comisión Europea, una persona de cada ocho que están en el mercado de trabajo está en paro y en busca de trabajo. Pero lo que es incluso peor es que casi siete de los ocho no están satisfechos con el tipo de trabajo que realizan, pues no piensan que tengan un trabajo con las condiciones y salario que consideran satisfactorios (citado en “Generation Jobless: The worst youth unemployment crisis in European history should be blamed on its millionaires” de Danny Dorling, publicado en New Statesman 22 August 2013).

Uno de los grupos más afectados por esta situación es la juventud. Hoy existe en la UE un desempleo masivo entre la juventud, a pesar de que el número de jóvenes buscando trabajo ha disminuido en términos proporcionales como consecuencia de su inserción en el mercado de trabajo a una edad más tardía, resultado de un mayor periodo de educación y formación que en tiempos anteriores. En realidad, el desempleo juvenil nunca había sido tan elevado como ahora.

Esto está ocurriendo a la vez que el porcentaje de la población que es joven está descendiendo en la UE. En 1984*, la cifra de la población en el grupo etario 20-24 años era, en Europa, de 56 millones. Hoy hay 8 millones menos (y están mucho más educados y formados que en 1984). Es interesante señalar que esta disminución de la gente joven ha dado pie a una enorme alarma entre los que ven la transición demográfica (es decir, el aumento de los ancianos y la disminución de los jóvenes) como causa de la futura insostenibilidad de las pensiones públicas. Los datos muestran, sin embargo, que el problema no es el demográfico sino el laboral (ver V. Navarro y J. Torres, Lo que debes saber para que no te roben la pensión). Hoy no faltan jóvenes. Lo que falta, y mucho, es trabajo, el punto clave que apenas se cita. El mayor problema no es que haya ocho millones menos de jóvenes, sino que la mayoría de los que hay no encuentran trabajo, sin crear riqueza, pagar impuestos y contribuir a la Seguridad Social. Y las políticas públicas que se están desarrollando están empeorando la situación. Las reformas del mercado laboral encaminadas a facilitar el despido de los trabajadores no han tenido prácticamente ningún impacto en disminuir el desempleo entre los jóvenes. Por el contrario, la reducción de los salarios (objetivo real de las reformas laborales) ha disminuido la demanda doméstica y con ello la actividad económica, y el crecimiento de empleo.

Qué debería hacerse y no se hace

Existe hoy en Europa un amplio debate sobre cómo resolver el desempleo juvenil. En España no existe tal debate en los medios. En realidad, es un monólogo, insistiendo en la necesidad de los “minijobs”. A nivel de Europa, la Confederación Europea de Sindicatos, ha hecho propuestas muy razonables de cómo resolver el problema del desempleo en general y del desempleo juvenil en particular (ver Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de V. Navarro, J. Torres y A. Garzón). Una de las medidas más discutidas y que tiene un gran mérito es la reducción del tiempo de trabajo y el compartirlo. Una de las experiencias más exitosas en esta materia en España ha sido la de la Cooperativa Mondragón. Y a nivel de Europa, una de las causas del bajo desempleo en Alemania (en términos relativos, en comparación con otros países) ha sido precisamente el compartir el trabajo, medida generalizada como resultado de la influencia de los sindicatos. Ahora bien, compartirlo quiere decir que existe, lo cual no siempre es el caso entre los jóvenes. En realidad, y tal como señala Danny Dorling en el citado artículo, el desempleo entre los jóvenes en Alemania continúa tan elevado como en los años setenta, cuando se presentaba a Alemania como un fracaso.

La responsabilidad pública es crear empleo

¿Cuál es, entonces, la solución? Es lógico que la respuesta a esta pregunta sea crear, crear y crear más y más puestos de trabajo, que estén bien remunerados y que tengan condiciones satisfactorias. ¿Y cómo se puede hacer esto? Pues como muchos países lo han hecho antes. Pero para hacerlo hay que romper completamente con el dogma neoliberal que todavía hoy, a pesar de su enorme fracaso, continúa siendo dominante en el establishment europeo y en sus unidades satélites (es decir, en los gobiernos de la mayoría de los países de la UE). Y parte de esta rotura es la recuperación de la responsabilidad pública en la creación de empleo.

El Estado ha jugado un papel clave en las políticas públicas neoliberales. Las ayudas de la UE y de los Estados al capital financiero han sido masivas. Si en lugar de gastar en esas ayudas el Estado hubiera gastado en crear empleo, hoy estaríamos ya fuera de la Gran Recesión y habríamos podido conseguir el pleno empleo.

Un ejemplo de ello es España. España genera muy pocos puestos de trabajo. Si miramos los servicios públicos de mayor envergadura -que juegan un papel clave en determinar el nivel de bienestar y calidad de vida de la ciudadanía, tales como los servicios públicos el Estado del Bienestar- podemos ver que solo una persona adulta de cada diez trabajaba en estos servicios. Si fuera una de cada cinco, como en Suecia, España tendría más de cuatro millones más de puestos de trabajo.

Pues bien, si los fondos que se han dedicado a salvar la banca en España (que han alcanzado el nivel del 12% del PIB) se hubieran dedicado (un 6% del PIB, la mitad de la ayuda a la banca) a crear estos puestos de trabajo, hoy no estaríamos en la situación en la que nos encontramos (la banca, por cierto, es el grupo o lobby que ha promovido más el argumento de la inviabilidad de las pensiones como consecuencia de la transición demográfica).

Lo que ha estado ocurriendo durante estos años de dominio neoliberal es el enorme aumento del capital (y muy en especial del capital financiero) a costa de la disminución de las rentas del trabajo. No hay ninguna escasez de capital: todo lo contrario. Lo que ocurre es que se ha estado invirtiendo en actividades especulativas como el sector inmobiliario (que llegó a alcanzar el 6% de todo el empleo) en lugar de actividades productivas y necesarias.

Créanme,  la solución es fácil de ver: hacer un cambio drástico de las posturas fiscales de manera que se graven las rentas del capital como se gravan las rentas del trabajo, mejorando además la progresividad del sistema fiscal. Y con los fondos obtenidos crear el empleo necesario.

Así ocurrió con el New Deal en EEUU durante la Administración Roosevelt (ver la declaración de derechos económicos de aquella Administración en mi blog www.vnavarro.org). Incluso hoy, el bajo desempleo en EEUU se debe a la enorme importancia del empleo financiado con fondos públicos. Si la población que hoy está en las Fuerzas Armadas o en prisión estuvieran buscando trabajo, el desempleo en aquel país pasaría del 8% al 10%. La diferencia entre izquierdas y derechas en EEUU no es (como constantemente se cita en los medios) entre los que apoyan la intervención del Estado –las izquierdas- y los que se oponen a ella –las derechas-, sino entre las actividades en las que el Estado interviene, incluso en la creación de empleo: en el complejo militar-represivo-industrial –las derechas- o en las áreas sociales –las izquierdas-. En España, este debate se desarrolla entre los que apoyan al capital financiero y sus actividades especulativas y los que creen que el Estado debería intervenir en las esferas productivas y sociales. Así de claro.

*En una versión anterior de este artículo publicada en el Plural el 2 de septiembre de 2013, se indicaba que la población del grupo etario 20-24, que era de 56 millones de habitantes en 1989, había descendido 8 millones durante estos años. En lugar de 1989 tenía que haber indicado 1984. Según la División Demográfica de las Naciones Unidas, UNPD, la población europea era de 56 millones en el año 1984 y, según las estimaciones para el año 2013, la población de 20 a 24 años será de 47.5 millones, lo cual significa un descenso de aproximadamente 8 millones. Tal corrección se ha hecho en esta nueva versión.

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