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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 9 de junio de 2015.

Este artículo analiza las causas del silbido que se hizo en el campo del Barça.

En el inicio del partido Barça-Athletic Club, cuando sonó la Marcha Real Borbónica con el Rey Felipe VI presente, hubo un silbido general por parte de la gran mayoría del público presente, compuesto principalmente por catalanes y vascos, silbido que se ha interpretado como un insulto a España y a su población, dando pie para que todo tipo de nacionalismos a los dos lados del Ebro movilicen las banderas para enfrentar a la población que vive en distintas partes del territorio español. No es por casualidad que el gobierno del Partido Popular, partido heredero de las fuerzas conservadoras que dominaron el aparato del Estado español durante la dictadura, se haya movilizado inmediatamente, exigiendo mano dura contra los silbadores, que, según tal partido, quieren romper la unidad de España. Hay que recordar que el golpe militar contra la democracia establecida durante la II República se hizo bajo el argumento de “salvar la unidad de España frente a rojos y separatistas”, iniciándose así uno de los gobiernos más represivos (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000) y reaccionarios que hayan existido en Europa durante el siglo XX, responsable del enorme retraso económico, cultural y social de España. Esto que digo no es una opinión personal. Esta es la realidad ampliamente documentada, aunque desconocida, ignorada, marginada y ocultada en este país.

Hoy la estrategia electoral para las próximas legislativas del partido político heredero de aquellas fuerzas y que hoy gobierna España, el PP, se basa en tres supuestos a través de los cuales intenta movilizar a la población. Uno es la recuperación económica que, según ellos, está ocurriendo en España. El otro supuesto es, según ellos, el caos económico que se crearía en caso de que gobernaran las izquierdas. Y el tercero es el peligro de que España se divida, presentándose a sí mismos como los grandes defensores de la unidad de España, enarbolando la bandera y el himno borbónicos como los símbolos de España.

El problema con esta estrategia es que cada uno de estos supuestos es falso. No hay recuperación visible que mejore el bienestar y calidad de vida de la mayoría de las clases populares de España. Por otra parte, es altamente probable que un gobierno de coalición de izquierdas aplicara políticas económicas que mejorarían el bienestar y la eficiencia económica del país. Y por último (y por mucho que lo diga la Constitución), para millones de españoles ni el himno ni la bandera borbónicos representan a España. Es más, las fuerzas conservadoras españolas que controlan el Estado, que siempre se presentan como las grandes defensoras de la unidad de España, son las responsables de que aumente el rechazo hacia el Estado español, provocando con sus políticas y declaraciones que muchos ciudadanos no se sientan representados por este Estado monárquico. Hoy, la gran mayoría de la población española está de acuerdo con los famosos eslóganes del 15-M “no nos representan” o “lo llaman democracia, y no lo es”.

La Transición inmodélica

Este Estado monárquico fue resultado de una Transición inmodélica, debido al enorme desequilibrio entre las fuerzas conservadoras (que controlaban el Estado y la mayoría de medios de comunicación y persuasión) y las democráticas, lideradas por las izquierdas (que acababan de salir de la prisión y de la clandestinidad o del exilio), carentes de poder institucional. Consecuencia de ello es que la Constitución asigne al Ejército, sucesor del Ejército golpista, defender, por la fuerza si es necesario, la unidad de España, siendo su jefe el Rey, cuya bandera, la borbónica, y su himno (una Marcha Real) se convierten en los símbolos nacionales.

Esta visión es la opuesta a la que las fuerzas democráticas habían sostenido y por la que habían luchado durante la II República. Hay que recordar que los partidos de las izquierdas, incluyendo el PSOE, habían sostenido durante la clandestinidad la concepción del Estado español como un Estado plurinacional, al que los pueblos de las distintas naciones estarían unidos voluntariamente, y no por la fuerza, exigiendo el derecho de autodeterminación (que ahora se llama derecho a decidir) para cada una de estas naciones. Fue consecuencia del enorme desequilibrio de fuerzas en la Transición que esta concepción de España fuera prohibida en la Constitución, siendo vetada por el Monarca y por el Ejército. ¿Es de extrañar que la población catalana y la vasca silbaran a aquellos símbolos borbónicos?

Este rechazo no implica necesariamente un rechazo hacia la población española o a España (no hay ningún sentimiento extendido en contra de la población procedente de cualquier territorio español en Catalunya, como es fácil de ver en sus calles), sino al Estado Borbónico español, una diferencia esencial. Hoy la mayoría de catalanes no favorecen la independencia, aunque la mayoría, alrededor del 80%, quiere tener el derecho a decidir su articulación con el resto de España (la distinción entre soberanismo e independentismo raramente se hace por parte del nacionalismo españolista o por el independentismo catalanista).

El rechazo no es a España, sino a los símbolos del Estado borbónico, que también representaron a las personas que ocuparon Catalunya. La represión de las clases populares en Catalunya y en el resto de España fue llevada a cabo por tropas del Ejército golpista que llevaban la bandera y el himno borbónicos, y que se impusieron en muchas partes de España. ¿Qué no se acuerdan?

Hoy estamos viendo el fin de la Primera Transición. Y la población está transformando su rechazo y enfado hacia el Estado central en apoyo a fuerzas políticas que perciben como favorables al cambio. Y uno de esos cambios significa la demanda de una Segunda Transición, con el establecimiento de un Estado social y plurinacional, con el derecho de autodeterminación, que garantice el deseo de unidad expresado democráticamente, con la puesta en marcha de una España variada, justa, democrática, poliédrica (en lugar de radial) que permita el nacimiento de otra España. Estamos viendo hoy que ello está ocurriendo a lo largo del territorio español. Las elecciones municipales y autonómicas son el inicio de un terremoto político que ha dado pie a coaliciones que están pidiendo esta Segunda Transición, y la represión para impedirla incrementará más esta petición.

Una última observación. Se me dirá, como se me ha dicho miles de veces, que en realidad, la población en España ya apoyó por referéndum que estos símbolos monárquicos fueran los que representaran a España, subrayándose además que esta aprobación fue incluso más extensa en Catalunya. Este tipo de argumento deliberadamente ignora que en aquel momento las dos opciones que se presentaban a la población eran continuación de la dictadura o aparición de la democracia, siendo por lo tanto lógico que la población apoyara la segunda alternativa. Pero a la población española nunca se le ha dado la posibilidad de escoger entre Estado republicano o Estado monárquico, y la enorme docilidad de los medios de información y persuasión a la monarquía es en sí un indicador del enorme temor y pánico que tiene el establishment español a que hubiera un auténtico debate que permitiera a la ciudadanía la elección de un sistema sobre el otro. Para este establishment es esencial que se establezca una continuidad entre el régimen anterior y el actual, impidiendo, por todos los medios, que se estableciera una ruptura con el Estado anterior. Así de claro.

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