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Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 27 de septiembre de 2010

Este artículo responde al artículo insultante de Fernando Vallespín, columnista de El País, que en un artículo titulado “La huelga zombi”, define a los sindicatos y a los partidos a la izquierda del gobierno como “estúpidos” por no ver que las políticas propuestas por el gobierno Zapatero son las únicas posibles. El artículo cuestiona las tesis sobre las cuales se basa el insulto de “estúpido”.

Los sindicatos CC.OO. y UGT han convocado una huelga general para el 29 de septiembre en protesta por las propuestas hechas por el gobierno, algunas ya convertidas en leyes aprobadas por las Cortes Españolas. Esta protesta, según entiendo yo, no es una huelga política, en el sentido de que su intento no es forzar la dimisión del gobierno y/o su cambio, sino el de presionar para que se cambien unas políticas propuestas por los establishments europeos (dominados por las derechas) y los establishments políticos y mediáticos españoles (dominados por el pensamiento neoliberal). Tales políticas, sobre las cuales se protesta, han sido impuestas, en teoría, por los mercados financieros, y en la práctica, también por las instituciones de la UE, y, muy en especial, el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y por el Fondo Monetario Internacional. De ahí que la protesta del 29 sea no sólo en España, sino en toda la UE, habiendo sido la Confederación Europea de los Sindicatos los que han llamado también a movilizaciones a nivel de toda la UE. Como era de esperar, tales establishments, incluido los mediáticos, se han movilizado para desacreditar tales movilizaciones. La Patronal, la Banca y los mayores medios de información están en contra. En España, los cinco rotativos más importantes han tomado posturas claramente antagónicas, e incluso hostiles, a la huelga general.

Entre ellos destaca el artículo de Fernando Vallespín, quien, en un artículo reciente “La huelga zombi”, publicado en El País (17.09.10), presenta un punto de vista que es muy representativo de la sabiduría convencional de aquellos que se oponen a la huelga general, incluyendo el gobierno y las derechas españolas. La única diferencia (una diferencia importante) es que mientras que el gobierno PSOE está manteniendo un tono comedido e inteligente, Vallespín adopta un estilo insultante, llamando “estúpidas” a las izquierdas (sindicatos y partidos) que apoyan la huelga general, un estilo más propio de otros periódicos de derechas que de El País. Pero, por lo visto, los ánimos se están calentando.

El argumento que Vallespin utiliza es que las políticas que el gobierno está desarrollando (tales como la congelación de las pensiones, la reducción del salario de los funcionarios y la reforma del mercado laboral conducente a facilitar el despido, entre otras medidas) son las únicas posibles frente a lo que él llama la presión de los mercados financieros. No darse cuenta de ello es –según él- ser “estúpido”. Añade Vallespín que “los partidos a la izquierda de la socialdemocracia se han limitado a satanizar el capitalismo, sin que sepamos bien hacia donde quieren dirigirse”. Vallespín se pregunta si tales izquierdas “saben como financiar las políticas sociales, y a la vez atender los disparatados intereses de la deuda soberana”.

Tal postura, por su representatividad, requiere una contestación, pues existe evidencia más que suficiente para negar tal tesis. El hecho de que propuestas alternativas a las existentes no aparezcan en los medios no quiere decir que no existan. Las izquierdas, tanto dentro como fuera del PSOE, sin embargo, han hecho propuestas bien específicas. Como Catedrático de Políticas Públicas, tengo que leerme y conocer las políticas públicas existentes y/o propuestas por todos los partidos representados en las Cortes, y como experto en la materia, doy fe de que aquellos partidos a la izquierda del PSOE han hecho propuestas alternativas a las hechas por el gobierno Zapatero, así como por PP, CIU y PNV, de como responder a la crisis y a los mercados financieros. Ejemplos hay muchos. Por ejemplo, los fondos que se desean utilizar para reducir el déficit del estado (reducción que se asume calmará a los mercados) podrían generarse revirtiendo las políticas fiscales regresivas (tales como la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio) en lugar de, por ejemplo, congelar las pensiones o reducir el salario de los funcionarios. Otro ejemplo, en lugar de apoyar a la banca con fondos públicos, podrían utilizarse tales fondos para convertir las cajas en bancos públicos, y así un largo etcétera. Estas propuestas existen y son rigurosas, creíbles y factibles. Pero no aparecen en los medios que discriminan sistemáticamente a tales izquierdas. La evidencia de que esta discriminación existe es robusta y documentada (véanse los artículos sobre este tema en mi blog www.vnavarro.org).

Pero la falta de conocimiento de Vallespín va más allá, pues ignora el debate que está ocurriendo en el mundo de cómo reavivar la economía española. El gobierno Zapatero y las derechas españolas y europeas (que controlan el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) insisten en que hay que seguir políticas de austeridad de gasto público, en contra de la evidencia existente en el siglo XX de que no se sale de la recesión sin un aumento muy notable del gasto público para cubrir la demanda que no provee el sector privado. De ahí que las medidas que están promoviendo las izquierdas y los sindicatos en España sean más aconsejables para alcanzar la recuperación económica que las políticas de austeridad que se están realizando. En realidad, las políticas que han llevado a cabo las derechas y las izquierdas gobernantes europeas y españolas (tales como bajadas de impuestos y aumento de su regresividad, entre otros) son ahora, en parte, responsables de la crisis y de los déficits creados. Estas políticas regresivas beneficiaron a unos y perjudicaron a otros. Exigirles ahora a estos otros –las clases populares-  que hagan el sacrificio para salir de la crisis es profundamente injusto (a lo que algunos podrían también llamar estúpido). Pero en España, la visibilidad mediática de personas y posiciones no se debe a su brillantez (o estupidez) sino a su función social, reproduciendo la sabiduría convencional. Por razones no sólo éticas, sino también estéticas, sería de agradecer que aquellos que, debido a su postura reproductora de aquella sabiduría convencional, tienen acceso privilegiado a los medios, no insultarán a las izquierdas  continuamente discriminadas en aquellos medios.

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