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Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 21 de octubre de 2010

Este artículo subraya que los nacionalismos conservadores neoliberales (tanto el central como los periféricos, incluyendo el catalán), que en teoría son antagónicos, en la práctica se han aliado históricamente en sus políticas fiscales, responsables de la subfinanciación del estado del bienestar, tanto en España como en Catalunya.

Durante 23 años Catalunya estuvo gobernada por una coalición de dos partidos (CiU), uno liberal y otro cristianodemócrata, cohesionados por una ideología –el pujolismo– que constituía un nacionalismo esencialista fundado por Jordi Pujol y enraizado en el nacionalismo conservador que históricamente ha existido en Catalunya. Este tipo de nacionalismo ha necesitado para su reproducción al nacionalismo españolista, de carácter también esencialista, que, con el jacobismo que le caracteriza, producía suficiente munición para poder movilizar a las bases del nacionalismo conservador catalán. En los debates de la televisión pública catalana (TV3) –abusivamente controlada por CiU durante el periodo pujolista–, las voces invitadas para presentar el punto de vista de España eran siempre portavoces de aquel nacionalismo esencialista jacobino, como la Cope, que originaban respuestas indignadas de las audiencias de tales medios contra España.
Estos dos nacionalismos, que se necesitaban el uno al otro para reproducirse, tenían dos características opuestas. El nacionalismo español había sido victorioso en las guerras habidas en suelo español. Era el nacionalismo de conquista, con características racistas. Su día nacional era el 12 de octubre (el Día de la Hispanidad, que se llamaba también el Día de la Raza), que celebraba la conquista y genocidio de la población indígena en América Latina. Su jacobismo continuaba siendo un pilar fundamental de tal proyecto político-cultural, insensible al reconocimiento de la pluralidad de naciones y regiones en España, exigiendo una uniformidad considerada amenazante por los nacionalismos periféricos, como el catalán.
El nacionalismo esencialista catalán, sin embargo, había sido derrotado y su fiesta nacional (el 11 de septiembre) recordaba una derrota militar. Esto justificaba su victimismo (de elevada rentabilidad política), el cual perduró, pues se asentó en una base real: no sólo en el anticatalanismo jacobino promovido por el nacionalismo esencialista español, sino en la existencia de un déficit fiscal al cual el nacionalismo catalán le atribuía todos los retrasos en infraestructura, tanto física como social, en Catalunya. Este déficit era real. En 2003, era la causa de que un ciudadano en Catalunya tuviera 965 euros menos per cápita de lo que le hubiera correspondido si no hubiera habido tal déficit. Era una cantidad importante, pero insuficiente, sin embargo, para explicar el enorme retraso de gasto público social en Catalunya, el cual hubiera requerido un gasto de 2.735 euros per cápita más de los que se gastaba para alcanzar el nivel que le correspondería en la UE-15 por su nivel de desarrollo económico.
En realidad, la mayor causa de este enorme déficit era la alianza de clases que se había desarrollado a nivel del Estado español entre los promotores de ambos nacionalismos conservadores. CiU y PP fueron responsables de las mayores rebajas de impuestos que España haya tenido durante la época democrática. Esta reducción durante el periodo 1996-2004 contribuyó a la enorme subfinanciación del Estado del bienestar de España, incluyendo el de Catalunya. No fue, pues, el conflicto de naciones, sino la lucha de clases, la responsable de aquel enorme retraso social (lucha de clases que se silenció en los medios de información de mayor difusión, dominados por ambos nacionalismos). La burguesía, pequeña burguesía y clase media de renta alta tenían un enorme poder, tanto en España como en Catalunya (y continúan teniéndolo), resultado de una Transición inmodélica que mantuvo un Estado con escasísima vocación redistributiva. España y Catalunya son los países que tienen mayores desigualdades en la UE-15.
El nacionalismo esencialista español tiene una base popular, con amplio apoyo en grandes sectores de la clase trabajadora española, que han sido sensibles al argumento que confunde igualdad de derechos para todos los españoles con uniformidad. El éxito del PP y de UPyD se basa, precisamente, en la influencia que 40 años de dictadura tuvieron en reproducir la imagen de una España uniforme, homogénea y centrada en Madrid. Tal situación, sin embargo, no se produjo con el nacionalismo esencialista catalán, pues grandes sectores de la clase trabajadora en Catalunya son inmigrantes de otras partes de España y de habla castellana, poco sensibles al pujolismo. De ahí que tal tipo de nacionalismo no tuvo este arraigo popular en los centros urbanos de Catalunya. De ello se deriva que la abstención de la clase obrera era esencial para la victoria de CiU en las elecciones autonómicas.
Esta situación comenzó a cambiar, sin embargo, con el cambio de Gobierno catalán en 2003, estableciéndose el gobierno tripartito de izquierdas, victoria basada en un programa de claro corte socialdemócrata, el más progresista que haya existido en Catalunya desde 1939. Esta izquierda tenía una visión distinta de Catalunya, en realidad opuesta a la de CiU, pues su base social y los intereses de las clases que representaba eran distintos a los de CiU. En realidad, los que defendieron la identidad catalana con más ahínco durante la dictadura fueron estas izquierdas. Todos los dirigentes del Gobierno Tripartito habían luchado en contra de la dictadura. La mayoría de los dirigentes del Gobierno nacionalista no lo habían hecho, con algunas excepciones, como la del presidente Pujol.
La visión de Catalunya de las izquierdas era distinta a la de CiU, pues no era una visión esencialista, sino orientada a mejorar el bienestar de las clases populares. El gasto público social creció muy notablemente, reduciéndose el enorme déficit que tenía Catalunya con el promedio de la UE-15. Durante estos años, Catalunya ha visto las reformas más sustanciales en los distintos sectores del Estado del bienestar que hayan ocurrido en los últimos 70 años. Y, sin embargo, estos datos apenas se conocen. Los medios de información y persuasión de mayor difusión en Catalunya centraron toda la atención mediática en el tema nacional, ignorando y/u ocultando el tema social. El conflicto de nacionalidades se ha utilizado por ambos bandos para ocultar los intereses comunes de clase que ambos nacionalismos esencialistas representan.

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