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Publicado en la revista TEMAS, noviembre 2008

La recesión que estamos experimentando ha puesto sobre el tapete la necesidad de que el gobierno tome medidas encaminadas a estimular la economía. Y la medida que se está proponiendo es, una vez más, la reducción de impuestos. Se asume que esta reducción de impuestos permitirá que la población tenga más dinero y consuma más. Este estímulo de la demanda se considera clave para estimular el crecimiento económico. Esta línea de argumentación la han utilizado todos los Ministros de Economía de los gobiernos españoles para justificar su llamada al descenso de los impuestos, convirtiéndose en un componente muy importante de la sabiduría convencional transmitida en los medios de información. La casi unanimidad de esta postura queda reflejada en el famoso dicho del Presidente Zapatero de que “bajar impuestos es también de izquierdas”. Es más, se señala que la reducción de impuestos, al estimular el crecimiento económico, incrementa los ingresos al estado al haber mayor actividad económica y, por lo tanto, mayor número de trabajadores y contribuyentes.

Lo que es interesante señalar es que este dogma (y sí, se presenta como un dogma) se promueve y reproduce a pesar de la escasa evidencia existente que apoye cada una de sus premisas. Como todos los dogmas, su reproducción se basa en la fe, no en la evidencia. Esta última muestra precisamente lo contrario. La reducción de impuestos disminuye los ingresos al estado y puede afectar negativamente el crecimiento económico. La disminución de recursos al estado puede determinar un recorte en las inversiones públicas bien sea en infraestructura bien sea en servicios, que conduzca a una reducción de la actividad económica.

La evidencia más clara de lo dicho es comparar lo ocurrido en EE.UU. durante las épocas republicanas (que se caracterizaron por grandes recortes de los impuestos, que beneficiaron a las clases más pudientes) de los Presidentes Reagan y Bush (1982-1993) y Presidente Bush hijo (2001-2008) con la época demócrata del Presidente Clinton (1993-2001), periodo en el cual hubo un crecimiento de los impuestos y muy selectivamente orientado hacia las rentas superiores. El crecimiento de las inversiones fue mucho mayor (10,2%) en el periodo demócrata 1993-2001 que en los periodos republicanos, 2,8% en 1982-1993 y 2,7% en 2001-2008. Lo mismo ocurrió con el crecimiento económico, que fue mayor (3,9%) en la época Clinton que no en las épocas de bajada de impuestos, que fue 3,5% per annum en el periodo  1981-1993, y sólo 2,5% en el periodo 2001-2008. Un tanto semejante ocurrió con el incremento de la renta familiar, 2% per annum en el periodo 1993-2001, mayor que en el periodo anterior (1,4%) y en el posterior (0,3%).

El incremento de los salarios también fue superior en el periodo 1993-2001- El salario por hora se incrementó 0,9% durante tal periodo, comparado con un descenso de -0,1% en el periodo anterior. y un incremento de sólo 0,3% en el periodo posterior. Y por último, el crecimiento de empleo fue también mayor en el periodo de incremento de impuestos (2,5%) que en los periodos de recortes de impuestos, 2,1% y 0,6% respectivamente (antes y después de Clinton). Y por último, otro dato que cuestiona la bondad de la reducción de impuestos es que la reducción de los impuestos significó una reducción de los ingresos al estado con aumento del déficit y la deuda pública. Durante el periodo 1993-2000, cuando los impuestos crecieron, el déficit federal descendió, bajando de un 3,9% del PIB y convirtiéndose en un surplus de 1,4% del PIB en 1999. Ello contrasta con el crecimiento del déficit federal, coincidiendo con la reducción de impuestos de la época anterior, alcanzando su máximo (6% del PIB) en 1983. Un tanto semejante ocurrió después del 2001, cuando Bush hijo, que había heredado un surplus, vio incrementar su déficit a un 3,6% del PIB en 2004. Una evolución semejante ocurrió con la deuda.

Ni que decir tiene que el escaso éxito que las políticas de recortes de impuesto tuvieron en estimular el crecimiento económico, el aumento de la población activa, y el mejoramiento salarial puede deberse a otras causas además de la reducción de impuestos. Pero las cifras citadas en este último cuestionan que tales políticas de reducción de impuestos fueran exitosas en cada uno de tales capítulos.

Una manera mucho más eficiente de estimular la economía es el aumento del gasto público en transferencias y en servicios públicos. En España se ha acentuado mucho la inversión pública (inversión en el AVE y transportes y energía) sin dar importancia a otra inversión que es mucho más exitosa en crear empleo. Me estoy refiriendo a la expansión del gasto público en servicios públicos como sanidad, educación y servicios sociales como los servicios de dependencia y las escuelas de infancia (mal llamadas en España guarderías). Esta escasa sensibilidad hacia esta política expansiva explica que España tenga el porcentaje más bajo de la población adulta que trabaja en tales servicios (9%), en comparación con un 15% en el promedio de los países de la UE-15, y un 25% en Suecia. Este último país ha mostrado que tal tipo de inversión es el más eficaz para crear empleo y estimular la economía. Suecia salió de la recesión (y crisis bancaria de principios de los años noventa) a costa de incremento del gasto público en servicios. Las medidas propuestas por el gobierno español de reducir el empleo público y de restringir la expansión del gasto público (no contribuyendo, por ejemplo, a la financiación de los servicios de dependencia en la parte del gasto que le corresponde por ley –paga menos de la tercera parte de lo que le corresponde-) está desaprovechando esta oportunidad.

Una última observación. Las limitaciones de la estrategia de estimular el crecimiento económico a partir de reducir los impuestos explica que el Partido Demócrata de aquel país tras haber aceptado la propuesta del Presidente Bush de reducir los impuestos (en cantidad de 150.000 millones de dólares) haya propuesto otros tantos 150.000 millones de dólares para invertir en infraestructura física, en sanidad y en educación como medidas estimulantes más eficaces que la reducción de impuestos. ¿Cuándo aprobará el Parlamento Español un paquete estimulante de la economía basado en tal inversión pública?

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